Rusia y Georgia utilizaron bombas de racimo en Osetia del Sur: HRW

Ginebra.- Rusia y Georgia usaron bombas de racimo durante el conflicto armado en Osetia del Sur en 2008, lo que causó la muerte de 16 civiles y heridas a más de 50, denunció la organización defensora de derechos humanos Human Rights Watch (HRW).

Bonnie Docherty, investigadora de la División de Armas de HRW, indicó que la pérdida de vidas y medios de subsistencia provocada por las municiones de racimo empleadas en Osetia del Sur muestra la necesidad de un nuevo tratado para prohibir estas “armas inhumanas”.

Al presentar un informe al respecto en el Palacio de las Naciones, en Ginebra, Docherty dijo Estados Unidos, China, Rusia, Georgia y otros países que se oponen al tratado se reúnen esta semana aquí con el objetivo de alcanzar “un acuerdo diferente y mucho más débil”.

“El denominado uso responsable de las municiones de racimo es un mito y los países deben resistirse a los intentos de debilitar la prohibición”, agregó.

El reporte de 80 páginas titulado “Una práctica mortal: Uso de municiones de racimo por Rusia y Georgia en agosto de 2008”, es el primer examen exhaustivo del uso de estas armas durante el conflicto de una semana sobre el enclave separatista de Osetia del Sur.

Las investigaciones de campo de Human Rights Watch en agosto, septiembre y octubre de 2008 documentaron docenas de muertos y heridos a causa de las municiones, lo que incluye algunas bajas después de finalizar el conflicto.

Las municiones sin detonar representan aún una amenaza para la población civil, alertó HRW y añadió que “Rusia niega haber utilizado estas municiones, a pesar de las pruebas considerables que demuestran lo contrario”.

“Las municiones de racimo siempre acaban matando y mutilando a civiles, especialmente a niños, durante los combates y mucho después de los mismos”, denunció Docherty. “La única solución real es una prohibición global”, aseveró. La Convención sobre Municiones de Racimo se abrió para su adopción en diciembre de 2008 en Oslo, como resultado de una iniciativa noruega presentada en febrero de 2007 para negociar un instrumento jurídicamente vinculante que prohibiera estas municiones.

Hasta la fecha, 96 países han firmado la convención, de los cuales seis la han ratificado. Se requiere que 30 naciones la ratifiquen para su entrada en vigencia.

En una conferencia de cuatro días que comenzó este martes en Ginebra, los países que se han opuesto a la Convención están intentando acordar un instrumento legal alternativo para la reglamentación, no la prohibición, de las municiones de racimo.

Estos países promueven un proyecto de protocolo a la Convención sobre Armas Convencionales, lo que permitiría el uso en el futuro de las mismas municiones de racimo empleadas por ambos bandos en Georgia.

Human Rights Watch instó a todos los países a que firmen y ratifiquen lo antes posible la convención para reforzar la estigmatización de este armamento y contribuir a que sea obligatorio respetar el tratado.

Las municiones de racimo son armas de gran tamaño que desprenden docenas o cientos de submuniciones más pequeñas. Se pueden lanzar desde el aire o desde el terreno, y provocan principalmente dos problemas humanitarios.

En primer lugar, su amplio alcance asegura que se produzcan bajas civiles cuando se emplean en zonas pobladas. En segundo lugar, muchas submuniciones no llegan a detonar en el impacto y provocan bajas y mutilaciones a civiles en los meses y años venideros.

De acuerdo con el informe de Human Rights Watch, Rusia violó el derecho internacional humanitario “con sus ataques indiscriminados y desproporcionados con municiones de racimo contra áreas pobladas de Georgia”.

Rusia cubrió durante dos días la ciudad de Variani con municiones de racimo, causando 16 bajas civiles. HRW identificó restos de este armamento en las cercanías o el interior de siete ciudades y pueblos.

En marzo pasado, Norwegian People’s Aid -una organización internacional de desminado-, informó que

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