¿Habrá un Obama europeo?

Estados Unidos siempre ha seducido a los europeos. Los viajes de Barak Obama a Europa y Latinoamérica han estimulado la fascinación del viejo continente sobre la intempestida, problemática e imperial república de Norteamérica.

Lo que apareció en los medios fue un buen termómetro de esa atracción. En España, empiezan a buscar “pequeños” obamas –claro,ninguno inmigrante o descendiente de inmigrantes subsaharianos—entre la emergente clase política. Los medios pusieron el lente sobre un joven alcalde de 29 años del norte de España al que El País llamó “el Obama de Asturias”.

La revista Alemana Der Spiegel (El Espejo) le dio la bienvenida nombrándolo el nuevo presidente del mundo. “Alemania confía en el fin del unilateralismo de Estados Unidos”, recalca el semanario alemán haciendo un recuento de lo que el mundo y Europa anhela del nuevo cabeza de Ejecutivo estadounidense.Europa presencia extasiada un cambio de época.

Pero más allá de admiración, dudo que Europa, a corto plazo, pueda dar un paso similar al de Estados Unidos al elegir a un presidente procedentes de las minorías étnicas. Es dificilísimo la irrupción de un Obama “turco” en Alemania, de un Obama de “surinamés” en Holanda o un Obama “marroquí” en Francia. Hasta ahora la participación de inmigrantes o descendientes de inmigrantes de países pobres en la alta política europea ha sido pobre.

Dos razones se me ocurren: el fuerte peso que la herencia étnica cuando Europa se imagina a sí misma y la ausencia de un movimiento similar al de los derechos civiles que ponga atención en la discriminación racial como sucedió en los Estados Unidos en los sesenta.

Europa se imagina blanca con pasados cristianos y ahora completamente secular. Los inmigrantes llegan a una sociedad pensada como algo más o menos homogeneo y no, como la combinación de grupos heterogeneos, como sucede en Estados Unidos. Los inmigrantes en Europa deben acomodarse a la hegemonía de los autóctonos. Eso ha provocado que aunque la población inmigrante siga creciendo en Europa, los nuevos residentes sean percibidos como poco “alemanes” o “suecos”. La herencia étnica y cultural sigue pesando para la membresía en la Unión Europea.

Como segundo punto, las políticas y leyes europeas han sido lo suficientemente abiertas para evitar un ataque visiblemente racista contra las minorías étnicas, tal como sucedió con las escuelas segregadas en el Sur de Estados Unidos. Al no existir dicho ataque, tampoco hay respuesta que obligue a nuevas dinámicas en la sociedad. Pero ese halo “liberal” de las políticas europeas también ha provocado que la discriminación sea vuelva más sutil y, por ende, más complicada de eliminar.

No hay duda de que Europa ha sido seducida por la Obamanía. Pero mientras en los Estados Unidos ha sido posible el gane de un candidato de las minorías al puesto más alto de la jerarquía política, en Europa aquello parece un sueño muy lejano. Europa está lejos, muy lejos, de Estados Unidos.

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