Cumbres y críticas válidas

Por Mumía Abú-Jamal

En medio de pompa, solemnidad y protestas, veinte líderes del mundo se reunieron recientemente en Londres para lo que en esencia fué una cita masiva con las cámaras fotográficas.

Anunciada como, G-20, la reunión de veinte de las más grandes economías y de algunas de las que están en desarrollo, pareció más una reunión de ciegos buscando a tientas la luz.

El gran dramaturgo de Nigeria, Wole Soyinka, en su obra, “La Apoteosis del Supremo Sargento Doe,” escribe:

Pero las coronas son coronas. Cuando gobernantes se reunen,
sus abrazos son sólo de presencia. Los llantos ausentes
hacen vacías las frases.
(Soyinka, La Tierra de Mandela, páginas 32-33)

Ese poema vino a la mente cuando se transmitieron imágenes de políticos con sonrisas brillantes abranzándose entre ellos en medio de las luces de las cámaras fotográficas. Porque abrazos y sonrisas entre políticos no hacen las decisiones gubernamentales.

Las naciones actúan según sus propios intereses – y punto aparte.

Si eso implica tener que hacerse el muy feliz para las fotografías, ni modo, que se haga. Si eso implica tener que hacer muecas sentado alrededor de brillantes mesas, ni modo!

¿Y cuál es el interés nacional? Eso significa, así me parece a mí, lo que una nación quiere que signifique. Quiere decir, el interés nacional ha sido usado históricamente para justificar la invasión de otros países, su ocupación, matar a sus líderes, a sus soldados y a sus ciudadanos, así como pagar a gente en otras naciones para que hagan disturbios internos en sus países.

Más concretamente, el interés nacional ha significado (la mayoría de las veces) usar la violencia organizada de una nación-estado para beneficiar los intereses de su clase empresarial.

En consecuencia, como los intereses económicos de las naciones están invariablemente en conflicto, los abrazos y besos de los políticos son sólo un camuflage para cubrir las profundas diferencias entre las elites de las corporaciones y las elites financieras.

Hace un año, en una cumbre económica similar en Davos, Suiza, la que era entonces secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, dijo a los delegados, “La economía de Estados Unidos es solvente, su estructura es buena, y sus fundamentos económicos a largo plazo saludables”.

Eso no era verdad entonces, y no es verdad ahora.

La verdad es que ninguno de los 20 líderes reunidos en Londres tiene la menor idea de cómo “resolver” los problemas económicos que hoy confronta el mundo.

La verdad es que Estados Unidos y el sistema económico global fueron construídos y mantenidos por injusticia sistémica (aquí hablo de la esclavitud africana) y por la profunda explotación de los trabajadores, tanto aquí como alrededor del mundo.

La verdad es que ésta es una crisis endémica al capitalismo, donde mercados devoran mercados y los más grandes bancos de la tierra hacen su fortuna con trucos sucios que avergonzarían a la Mafia.

La última cumbre sobre la economía fué sólo Relaciones Públicas en medio de las llamas del caos.

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