Obama cumple la cita americana pensando haber reparado lazos con la región

PUERTO ESPAÑA (AFP) – El presidente Barack Obama termina este domingo su primera gran cita con los demás dirigentes americanos dejando sin resolver el serio desacuerdo sobre Cuba, pero con el sentimiento de haber convencido a sus interlocutores de que una nueva era de diálogo ha comenzado.

En los tres días de una cumbre que reunió a los jefes de Estado y de Gobierno de las Américas, Obama escuchó reiteradamente las presiones de sus pares para que Estados Unidos suprima el embargo sobre Cuba, el único ausente en la cita en Puerto España, capital del archipiélago caribeño de Trinidad y Tobago.

También escuchó a sus interlocutores señalar que esta vez la crisis internacional no nació en la región, como recordatorio de los malos manejos económicos de Estados Unidos.

Escuchó a los más duros críticos de Estados Unidos, como el presidente nicaragüense Daniel Ortega, acusándolo de que su país contribuye a la pobreza en América Latina, conduce políticas colonialistas y reprime a sus inmigrantes.

Conoció al presidente venezolano, Hugo Chávez, quien a la vez que le ofrecía su amistad le regalaba un libro que analiza la explotación de los recursos de América Latina desde el siglo XV.

Pero Obama respondió: “No vine aquí a debatir el pasado, vine a hablar del futuro”.

Tras los años que duró la presidencia de George W. Bush, en los que los latinoamericanos se sintieron ignorados y despreciados, el nuevo mandatario estadounidense ofreció iniciar un “nuevo capítulo” de cooperación y diálogo de igual a igual para enfrentar las grandes amenazas actuales: la de una “década perdida” para América Latina -duramente afectada por la recesión en Estados Unidos- y la del crimen organizado, por ejemplo.

Unos días después de haber ido a la conquista de los corazones de los dirigentes europeos, Obama fue calurosamente aplaudido por sus colegas americanos. Y él tomó nota, según dijeron sus colaboradores.

Comparando esta cita con anteriores encuentros regionales, “había más furia dirigida a enemigos comunes como la pobreza, la inestabilidad financiera y el enlentecimiento económico, y menos ira dirigida a Estados Unidos o al imperialismo, a lo que era visto como ‘imperialismo'”, dijo Larry Summers, un alto asesor de Obama.

“Había una especie de sentimiento de franqueza y reconocimiento de ambas partes de que no iba a haber un acuerdo total sobre cada tema y de que eso estaba bien”, señaló.

Es el caso de Cuba. “Creo que es justo decir que tenemos un desacuerdo sobre Cuba y el presidente lo dijo claramente”, indicó Denis McDonough, director de comunicaciones estratégicas.

El líder venezolano fue el que condujo la resistencia sobre Cuba, a riesgo de contrariar la ofensiva de carisma que irradió Obama.

Pero, al fin y al cabo, y sin que Obama haya parecido poner demasiado de su parte además de presentarse ante Chávez y ofrecerle la mano, fue el presidente venezolano el que designó el sábado un nuevo embajador en Estados Unidos tras haber retirado el anterior en 2008.

Luego, a última hora del sábado, el Departamento de Estado norteamericano informó desde Washington que “trabajará” para que un embajador de su país regrese a Venezuela.

Durante la cumbre y en la escala en México que la precedió, Obama anunció un nuevo esfuerzo para hacer ratificar por Estados Unidos un acuerdo interamericano contra el tráfico de armas que sirve a los carteles de la droga, un fondo de 100 millones de dólares para favorecer los préstamos a las pequeñas empresas, una iniciativa de 30 millones de dólares para reforzar la seguridad en el Caribe y una asociación para la energía y el clima.

La Casa Blanca había indicado antes que no se debían esperar grandes anuncios: Obama acudía a la Cumbre de las Américas para escuchar y relanzar el diálogo.

No obstante más tarde Washington agregó una advertencia vaga aunque firme: “El presidente piensa que las fotos, las grandes sonrisas y los apretones de manos son impo

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