Ser periodista en la frontera mexicana, un ejercicio doblemente arriesgado

WASHINGTON (AFP) – Emilio Gutiérrez es un periodista de la frontera norte mexicana obligado a empezar de nuevo en Estados Unidos, no para buscar una mejor vida, como muchos de sus compatriotas, o para huir del narcotráfico, sino de supuestas amenazas de militares.

Gutiérrez, de 45 años, con un hijo a punto de cumplir 16, llegó el 16 de junio de 2008 a un paso fronterizo en Nuevo México para hacer lo que no pensaba verse obligado nunca: pedir asilo político.

“México vive desde siempre con dos caras. Más que luchar contra el contrabando de armas o de drogas, lo que deberían hacer es luchar contra la corrupción”, declara este periodista, que hasta hace un año trabajaba para el Diario del Noroeste.

El caso de Gutiérrez ha atraído la atención de organizaciones como Reporteros sin Fronteras, que lo apoya para que pueda divulgar su caso antes de que sea abordado por un juez de inmigración, en mayo.

Gutiérrez dice que los problemas empezaron en 2004, cuando desde su modesto puesto de reportero local en la frontera recogió los primeros testimonios de supuestos robos y extorsiones protagonizados por soldados y mandos encargados de la lucha antinarcóticos.

Los reportes los hizo desde comunidades fronterizas como su pueblo natal, Ascensión, a unos 130 km de Ciudad Juárez.

Pocos días después de sus primeros informes asegura que recibió una primera visita del comandante militar de la zona, que le conminó a no seguir escribiendo sobre esos supuestos abusos.

“Me dijo que era la tercera vez que escribía pendejadas, que ya no habría más”, declara Gutiérrez.

A ese incidente le siguieron dos más, hasta que su casa fue saqueada por un grupo armado, que se identificó como militar.

“Ahora que los militares salieron a las calles, empezaron barriendo la población”, asegura este periodista, en alusión a los más de 36.000 soldados desplegados por el gobierno del presidente Felipe Calderón, que prometió al asumir el poder una guerra sin cuartel contra los carteles de la droga.

Gutiérrez decidió irse del país cuando a través de una amistad recibió avisos específicos de muerte. Se presentó con su hijo en un puesto fronterizo, pidió asilo y fue internado durante siete meses en un campo de detención.

Los servicios de inmigración y aduanas (ICE) no han querido por el momento pronunciarse sobre el inusual caso de un periodista de un país socio y aliado, como es México, que pide asilo político.

Gutiérrez reconoce que su caso es peculiar, puesto que tiene que demostrar ante el juez que hay motivos políticos tras su petición.

Pero asegura que no es el único. En una frontera en la que la ley del silencio impera, Gutiérrez asegura que hay como mínimo otros dos periodistas mexicanos que han pedido también asilo en Estados Unidos por sentirse amenazados al otro lado de la frontera.

A pesar del clima de violencia extrema en localidades como Ciudad Juárez, donde las víctimas se cuentan por centenares, Gutiérrez considera que el narcotráfico no es el problema real en la frontera.

“Los narcos no son el problema. El problema es el Estado. Los narcos se amoldan” a los distintos gobiernos, asegura.

Desde que está en Estados Unidos, Gutiérrez asegura que se siente con más libertad para hablar no solamente de la acción del Ejército, sino del ambiente de impunidad en la frontera. Asegura que las extorsiones y amenazas de los carteles continúan, a pesar de los elogios en Estados Unidos y de los anuncios de detenciones.

“De antemano la guerra contra el narcotráfico está perdida”, asegura con convicción.

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