En un trasplante al receptor llega algo más que un órgano

Por Teresa Antequera Cerverón

La escritora Renate Greinert en su libro “Donación de órganos: ¡Nunca más!”, detalla exhaustivamente algunas experiencias vividas por personas que ante la dolorosa situación de tener un familiar moribundo, consintieron que sus órganos les fueran extraídos con el fin de ser posteriormente trasplantados.

Las iglesias, también algunos políticos declaran que la donación de órganos es un acto de amor al prójimo, a pesar de que posiblemente nunca se hayan visto confrontados con una situación así.

Las personas deben estar informadas con acierto antes de tomar cualquier decisión seria, por lo que los consejos dados por otros, no importa si los da la iglesia, son al fin y al cabo una influencia ajena, que en ocasiones producen un arrepentimiento posterior.

Del libro citado rescatamos la siguiente experiencia de los familiares: “La donación de órganos como un acto cristiano de amor al prójimo, era un espejismo, un callejón sin salida. Estábamos dispuestos a consentir la donación del corazón de nuestro hijo (lo dice una madre).

Pero luego me enteré que los médicos habían extraído a mi hijo el corazón, el hígado, los riñones y los ojos, y que incluso se le extrajo aserrando parte de las caderas.

Despedazado en diferentes partes, repartieron su cuerpo por toda Europa. Se había convertido en un objeto de reciclaje. Como un rayo me alcanzó el reconocimiento de que a pesar de mi indignación, de mi sensación creciente de que había sido manipulada en una dirección que yo no quería, no podía presentar ningún argumento en contra de la donación de órganos.

Mi rechazo en sensaciones y mi creciente desconfianza de que el trasplante de órganos conlleva algo más de lo que nos quieren hacer creer, no me preservaría de tener que decir sí en lugar de no en una próxima ocasión».

¿Pero que sucede en realidad con la otra parte, es decir con la persona que recibe el órgano? De esto se habla poco, en realidad el sistema inmunitario de un trasplantado de forma natural rechazará el órgano extraño de por vida, lo que debería ser un indicio sólido de que la naturaleza no había previsto esto que la medicina moderna fomenta.

En definitiva el sistema inmunitario es el guardián de la integridad del propio cuerpo protegiéndolo ante bacterias y virus, también ante tejidos ajenos.

Además las personas trasplantadas son más propensas a infecciones, como el Sida o herpes, generando con mayor rapidez enfermedades tumorales. Con lo que la calidad de vida que estas personas ansiaban, puede quedar en entredicho.

Si el cuerpo no puede “expulsar” el órgano ajeno debido al tratamiento, este se queda forzadamente dentro y ha de ser asimilado de alguna forma.

Los doctores Paul Pursal (Universidad de Hawai) y Linda Russek (Universidad de Arizona), recogieron interesantísimos documentos de pacientes trasplantados que deberían servir también para informar de los pros y contras a las personas que han consentido en recibir un órgano.

Veamos el informe de una niña de 8 años que recibió el corazón de otra de 10 que fue violada y asesinada: “Desde la operación, la receptora del órgano fue acosada por pesadillas hasta que sus padres la pusieron en tratamiento psiquiátrico.

En las sesiones la niña relataba con todo detalle que había sido asesinada. Su descripción era tan real, que la psicóloga llamó a la policía. Los expertos quedaron boquiabiertos.

Las informaciones de los sueños resultaron ser tan detalladas y correctas, que pudo ser detenido y juzgado el asesino de la pequeña de ocho años, de la que procedía el corazón». Hay que imaginárselo.

No es simplemente que se quita un pedazo de carne y se pone en otro lugar, al parecer algo personal del donante va acompañando al órgano.

Las iglesias institucionales quienes dicen ser representantes de Dios en la Tierra animan calurosamente a que todos nos convirtamos en donantes considerando únicamente el aspecto material de

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