La diplomacia de la música

Por Salvador Sanabria*

La pasada cumbre en Trinidad y Tobago fue un festival de oberturas diplomáticas de parte de maestros que se movían como coreógrafos en una de las mas elevadas operas de Amadeus.

Sin embargo antes de que el presidente Obama, saludara al presidente Chávez y que el venezolano le obsequiara el libro de Eduardo Galeano al mandatario norteamericano, la diplomacia ciudadana se adelantaba a los hechos del cónclave americano, rompiendo los obstáculos del bloqueo a Cuba y promoviendo el intercambio cultural entre los pueblos.

Justo cuando el debate sobre los cambios de política hacia Cuba arreciaba en la ciudad del Distrito de Columbia, el compositor Carlos Colón-Quintana recibía en la urbe de Waco Texas, una invitación de parte de Unión Nacional de Compositores y la Casa de las Américas de Cuba, para participar en el Primer Taller Latinoamericano de Composición.

El maestro Colón-Quintana no dudó ni un segundo el aceptar la invitación extendida por sus colegas habaneros y se dispuso a organizar el viaje que lo hizo ir a Cancún México, dada la prohibición de vuelos directos a Cuba desde Estados Unidos, para después viajar a la isla.

Llegó a la ciudad de la Bodeguita del Medio y El Floridita una semana antes de que comenzara el show de jets privados descendiendo en el aeropuerto de Piarco, acarreando a los hombres y mujeres más poderosos del continente. A su arribo le impactó el calor humano y lo tropical del ambiente con que fue recibido.

Sus intercambios con el pueblo cubano le permitieron acceso privilegiado a las opiniones, aspiraciones y sueños del pueblo de Martí, desde los viejos incrédulos, que lo han vivido todo desde los días de Batista, pasando por Bahía de Cochinos, el vodka soviético y el período especial hasta llegar a la época Obama, a los jóvenes educados con niveles culturales del primer mundo que anhelan un mejor porvenir.

Carlos fue tratado como un hermano latinoamericano, al igual que sus otros colegas que llegaron desde el Cono Sur, aunque hay que anotar que sus ponencias fueron las mas disfrutadas entre los jóvenes cubanos, quienes se deleitaron con su intelecto y su empatía guanaca.

Quizás la inspiración más sublime de este viaje fue el intercambio con los niños y niñas de la Coral de Niños Cantores Líricos de la Habana, producto de una escapada del atareado programa oficial. En la opinión del Chalchuapaneco “Por los niños de Cuba vale todo el esfuerzo de derrumbar el bloqueo”.

*Colaborador de Salvadoreños en el Mundo

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