Expectación y polémica esperan al Papa en Israel

Por José Parra.

Jerusalén.- A cinco días de la llegada del Papa Benedicto XVI a Tierra Santa, los israelíes le esperan con emoción, pero también con expectación, mucha seguridad y no menos polémica. Las siempre delicadas relaciones entre el Vaticano y el Estado judío, establecidas en 1993, han sufrido diversos desencuentros provocados por la historia, pero las discrepancias han sido mayores en los últimos meses.

Las autoridades israelíes, volcadas en la organización y protección del pontífice, no olvidan por ejemplo su intención de beatificar al Papa Pío XII, al que analistas y expertos judíos acusan de “callarse y ser pasivo” ante los crímenes nazis durante la II Guerra Mundial. Benedicto XVI aterrizará en el aeropuerto Ben Gurion, cerca de Tel Aviv, la mañana del próximo lunes y horas después visitará Yad Vashem (el Museo del Holocausto) de Jerusalén.

En una de sus galerías hay un retrato de Pío XII con un texto adjunto en el que se reprueba su papel mientras seis millones de judíos eran exterminados. Tras conversaciones, presiones y tensiones, el Papa visitará finalmente Yad Vashem, pero no la sala donde está dicha placa.

“El Santo Padre homenajeará a las víctimas del Holocausto, un episodio que siempre hemos condenado”, dijo el nuncio en Tierra Santa, Antonio Franco, quien especificó que la visita “será religiosa y no política. Solo viene a peregrinar”. Pero lo que más duele a las autoridades israelíes y a los judíos en el mundo fue la decisión del Papa de levantar la excomunión al obispo Richard Williamson, conocido por haber negado la existencia del Holocausto. Las declaraciones de Williamson y la decisión del Papa provocaron un terremoto religioso y político en Israel, rompiendo incluso el Gran Rabinato de este país sus relaciones con la Santa Sede.

Varios militantes y diputados de la derecha más extremista se manifestaron este miércoles en el Parlamento de Jerusalén (Knesset) en contra de la visita del Papa. Para el promotor de la protesta, el diputado ultraderechista Mijael Ben Ari, “la festiva recepción oficial y solemne del Estado al Papa es una bofetada y falta de respeto a millones de judíos asesinados y masacrados por la Inquisición y la Iglesia a través de la historia”.

El rabino Dov Lior, dirigente del Rabinato del Consejo de Colonos de Judea y Samaria (Cisjordania), ha pedido directamente el boicot de la visita del Papa. Incluso se dirigió al presidente del Consejo del Museo del Holocausto, el rabino Meir Lau Israel, para que no reciba el lunes a “alguien que fue miembro de organizaciones juveniles nazis y ahora como Papa ha devuelto a la Iglesia a un negacionista”. Ante las negociaciones entre Israel y el Vaticano para la transferencia de seis lugares santos para el cristianismo situados bajo soberanía israelí, Lior afirmó que “sería pecado”.

Entre los sitios figuran el Cenáculo de Jerusalén, el huerto de Gestemani y el Monte Tabor. Una vieja demanda de la Santa Sede, refrescada con la inminente visita de Benedicto XVI. Sin embargo, el portavoz del presidente de Israel, Simón Peres, ha negado dichos contactos. Sin olvidar al Papa, los medios de comunicación dedican más páginas a la reunión del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, con el presidente estadounidense Barack Obama el próximo día 18. A medida que pasan los días, se multiplican las informaciones sobre el espectacular despliegue de seguridad o las expectativas en el sector turístico, esperanzado con una avalancha de peregrinos.

Pero también hay críticas y columnas de opinión. Un artículo en el diario local Yediot Ajaronot recordó “la mancha nada pequeña del Papa por su pasado en las filas de organizaciones nazis” al criticar los festejos y preparativos del gobierno ante la visita papal. En Jerusalén, cerca del bullicioso centro oficial de prensa encargado de acreditar a unos 700 periodistas que cubrirán la visita, encontramos a Abraham, un israelí de 75 años con los sentimientos encontrados.

“Por un lado, es bueno qu

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