Una bolita azul, peluda y con piecitos.

Así imagina Tamara una niña de 10 años que cursa Cuarto de Primaria en el Colegio Montessori del Pedregal, a la influenza porcina.

“Por televisión y en Internet salió que la gripa en los aeropuertos es una bolita azul y los gérmenes que he visto son muy peludos y con piecitos”, dice muy enterada y convencida.

Agrega “si haces lo que te piden por televisión no te va a dar”; y que si fuera el presidente de México, suspendería las clases hasta después del 20 de mayo, “porque dos semanas son pocas para quitar los contagios”.

Ella y un grupo de seis amiguitos jugaban muy quitados de la pena y felices de no ir a sus escuelas, cuando les pedí comentaran lo que piensan de la epidemia de influenza y si le tienen miedo.

Me sorprendió lo enterados que están de las cosas, y la serenidad con que miran la influenza.

Todos coincidieron en que no sienten temor; “porque nos han dicho que se pega en lugares concurridos y no hemos ido”, dice Roberto de siete años y alumno de Preprimaria en el colegio Guadalupe Pliego.

Y a la pregunta de que haría si fuera Felipe Calderón responde muy firme, “traería tapabocas todo el tiempo porque dicen que hay que usarlo y él en la tele no lo trae”.

Roberto cuenta que sus papás le han hablado muy poco de la gripa y que “más bien somos nosotros—él y sus amigos—, los que les hablamos de eso”.

José Manuel de 9 años, va al Colegio Sierra Nevada; para él la influenza “es una enfermedad mitad de pájaros y mitad de humanos, con algo de cerdos”.

Critica a los chinos por “discriminar mexicanos; siendo que María José me ha dicho que fueron ellos, los que trajeron al mundo a los piojos; que son peores que la gripa”.

Tampoco le parece que franceses y coreanos usen “esos trajes blancos en los aeropuertos, porque hacen que tarden horas en despegar los aviones”.

María José, la niña de 11 años que le platicó de los piojos chinos, va al Colegio del Sagrado Corazón y muy científica dice que la influenza es un “virus agudo que se te mete al cuerpo por la nariz, boca y ojos; por las manos no, si te las lavas y haces como te pide la tele…”

Su amiga Daniela de 11 años está en cuarto del colegio Francés del Pedregal; sabe que la influenza es sólo “una gripa más peligrosa; pero no debemos estar alarmados, sino tomar medidas como no estornudar o taparse con el antebrazo si se hace; y lavarse mucho las manos”.

Otra niña del Montessori es Isabel de 10 años; está de acuerdo en que hay que hacer caso de las instrucciones y dice que por eso, cuando va al super con su mamá lleva tapabocas.

Pero que para estar más seguros y no contagiarse, su familia aprovechó los días sin clases para ir a Monterrey y a Guadalajara a visitar a sus abuelos, y en esos lugares no había influenza.

Niños menos enterados de las cosas, son más propensos a sentir temor y sus mamás comentan que al principio todo el tiempo sentían que podían contagiarse y tenían miedo de que sus papás y otros miembros de la familia murieran.

Que fueron muy buenos los días sin clases; ya que con más calma y sin tanta presión de horarios, pudieron compartir con ellos sus preocupaciones y poco a poco tranquilizarlos.

Y que ahora todos saben que hay que lavarse a cada rato las manos, y ya lo hacen ellos solos; sin que nadie tenga que decírselos.

Como Trinidad, que al principio no quería quedarse sola cuando su mamá iba al trabajo y ahora ya entendió que si se cuida y no se acerca mucho a gente enferma no corre peligro; mientras que al principio no dormía del susto de que ella o alguien de la familia pudiera contagiarse.

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