No más Postvilles

Por Maribel Hastings
America’s Voice

WASHINGTON, D.C. – La mención del 12 de mayo de 2008 la hace llorar. La madre guatemalteca es una de los casi 400 arrestados por autoridades migratorias en la planta Agriprocessors de Postville, Iowa el 12 de mayo del año pasado. Es una de los pocos que aún no son deportados. El pasado jueves le quitaron el localizador electrónico (GPS) que llevaba en su tobillo “pero no me han dicho qué va a pasar conmigo”.

Llegó hace cuatro años a Estados Unidos desde la Aldea Calderas en Guatemala. Sus tres hijos, de 16, 14 y 10 años de edad, nacieron en Guatemala y fueron una de las razones por las cuales no la deportaron inmediatamente porque sólo cuentan con ella, al igual que sus tres sobrinos, también menores de edad. Esos sobrinos trabajaban en Agriprocessors, la planta que era también investigada por violar leyes laborales como la de emplear menores de edad.

Mañana martes se cumple el primer aniversario de la mayor redada en la historia de Estados Unidos. Aunque para muchos los arrestados y sus familias son meras cifras, para otros son seres humanos afectados por los traumas del incidente, la separación familiar y las secuelas resultantes.

“Ha sido un año muy duro, muy difícil”, indicó la madre guatemalteca a America’s Voice. Acordamos no usar su nombre.

Ese día, como todos, se levantó temprano, llegó a su trabajo en Agriprocessors, y pasados escasos minutos “nos avisaron que llegó inmigración”. “Unos corrían, otros gritábamos, sobre todo por nuestros hijos. Recuerdo que pensé ‘ahora mis hijos se quedan solos’. Nos escondimos en unas cajas, pero el oficial nos encontró y nos sacó del cuello. Nos tiraron al suelo y después nos llevaron a un comedor donde nos hicieron muchas preguntas sobre nuestros hijos. Nos dejaron ir (a algunas) con la pulsera en el pie”, continuó.

Desde el punto de vista humanitario, psicológico y económico la redada ha probado ser un desastre para estas familias y la comunidad.

“No podemos trabajar. Estamos viviendo de la Santa Iglesia para darle el pan diario a nuestros hijos. Tampoco puedo ayudar a mi madre anciana en Guatemala. Mis hijos sufren mucho. Yo no puedo salir a la calle por el miedo de toparme con algún carro de policía. El otro día me llamaron de la Iglesia para tomarnos una foto frente a la planta. Viera que al acercarme me sentí tan triste recordando el día de la redada que no fui capaz de llegar hasta donde estaban tomando la foto”, agregó.

“Es un desastre”, afirmó.

Le envió un mensaje al presidente Barack Obama y al Congreso: “Que se conduelan de nosotros y pasen la reforma migratoria”.

Violeta Alemán es asistente del laico Paul Rael, quien está a cargo del ministerio hispano de la Iglesia St. Bridget’s en Postville.

Alemán dijo a America’s Voice que quedan unas 28 familias, encabezadas mayormente por mujeres, cuyos esposos fueron deportados o que ellas están en proceso de deportación. De los casi 400 trabajadores detenidos ese día, casi 300 fueron acusados de robo de identidad agravado para forzarlos a declararse culpables de delitos menores, cumplir cinco meses de cárcel, y agilizar su deportación.

La mayor parte de los detenidos, según Alemán un 80%, ya fueron deportados y varios optaron por llevarse consigo a sus hijos ciudadanos estadounidenses.

Un año después en Postville, “estamos tratando de recuperarnos, pero sigue siendo un desastre”, dijo Alemán.

Esta parroquia se ha hecho cargo de sostener económica y moralmente a las mujeres que quedaron atrás, y que no pueden trabajar, aunque quieren hacerlo.

“El trauma de la redada, de la separación familiar, y de no poder trabajar ha sido muy duro. Hay varias que están tomando antidepresivos. Ahora nos asignaron a un consejero a tiempo completo para ayudarlas”, expresó Alemán.

La redada ha supuesto una crisis humanitaria, familiar y económica no sólo para las familias afectadas directamente sino por sus efectos sobre la ciudad.

En noviembre pasado Agriprocess

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