Procacidad política

Durante mis años de infancia escuché constantemente dos frases populares entre mis padres y vecinos adultos al referirse a la política, en estas frases manifestaban toda la frustración que les producía sentirse impotentes a incidir en el rumbo político del país y el bienestar propio. Eran tiempos de las dictaduras militares y la frase era: “La política es asquerosa” y “Los políticos son sinvergüenzas”.

Estas frases asentían el sentimiento del pueblo que sufría acciones políticas de la época, las cuales consistían en mantener una sociedad oprimida, sin democracia, mal educada, mal nutrida, sujeta al crimen y explotada, mientras los políticos vendían influencias, acaparaban riqueza robando el erario público, traficaban drogas y emprendían todo tipo de negocio ilegal que produjese dinero fácil para mantener sus altos honores sociales e inasequibles estilos de vida.

En el nombre de la democracia y la justicia social la dictadura militar fue abolida y una generación de nuevos políticos ascendió a la lidia histórica para darle al pueblo la oportunidad de incidir y participar en el destino de la república. Esta generación de políticos no fue diferente a la derrocada y sus acciones políticas durante el fin del siglo pasado no pudieron cambiar la distinción de las frases populares en referencia a ellos.

El proceso democrático elaborado por estos políticos incluyó el diseño de un sistema electoral en el cual el pueblo no puede elegir directamente a los legisladores sino que el electorado tiene que votar por el partido político de su preferencia y los lideres partidarios deciden quienes legislan, quienes representan la voluntad del pueblo. ¿Es esto democrático? Por supuesto que no, este es el ardid político que permite que se legisle por los intereses de los lideres de cada partido y por los de los grupos de intereses especiales que rigen los destinos de los partidos políticos, no por los intereses genuinos del pueblo.

Con este sistema nefasto de democracia manipulada, ahora los políticos salvadoreños del siglo XXI, se han transformado en la peor forma de sinvergüenzas, se han convertido en cínicos descarados y con las acciones políticas realizadas este 1ro de mayo al elegir al presidente de la asamblea legislativa, le quitan todo honor a la representación política del pueblo haciendo de la política salvadoreña una vergüenza latinoamericana.

El nuevo presidente del poder legislativo Ciro Cruz Zepeda por décadas ha demostrado ser un sujeto inmoral, anti-ético, cínico y corrupto, la peor calaña política, que representa íntegramente el contenido de las frases populares. Este es un hombre, quien ha hecho del partido político que dirige una empresa lucrativa y de la política una fuente de riqueza, así con una minoría de diputados que logra, se vende al mejor postor entre los partidos mayoritarios para otorgar mayoría simple en la Asamblea Legislativa y con ello definir la gobernabilidad del país. ¿Su premio? Tener el honor de presidir al segundo poder del estado.

La venta de los votos de su partido político al ahora partido opositor ARENA, le otorga a este la mayoría simple y con ello el poder legislativo. ARENA con este poder asegura tener control sobre cualquier iniciativa de ley que propicie el cambio político que el país necesita y con ello mantener ese status quo de sus propios intereses.

¿Apoya el pueblo salvadoreño tener como presidente del segundo poder del estado a una persona con un perfil político tan inmoral como el de Ciro Cruz Zepeda? No, y las manifestaciones de negación del pueblo a tal intención fueron amplias; sin embargo, a la mayoría de los ochenta y dos representantes del pueblo en la asamblea legislativa no les importó el rechazo popular a esa intención y sin considerar la voluntad nacional procedieron a convertirse en cínicos sinvergüenzas y confirmar que la política salvadoreña es una procacidad política de Latinoamérica.

El pueblo salvadoreño en el exterior debe repudiar estos hechos políticos que definen el dest

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