Una lección para todos

José López Zamorano

Es indudable que los momentos de grandes crisis desnudan lo mejor y lo peor de la condición humana. Los casos que lo confirman se repiten en el curso de la historia, lo mismo en guerras que en calamidades naturales o, por ejemplo, en el actual brote de influenza A/H1N1 que recorre el planeta ante la mirada alerta de la humanidad entera.

El brote despertó expresiones espontáneas de solidaridad hacia México y hacia los mexicanos, donde el contagio ha producido el saldo mortal más pronunciado, pero también generó reacciones de varios países que bordaron en la llamada xenofobia, es decir, el miedo absurdo a lo extranjero, en este caso a los mexicanos.

Peor aún, en este mismo país se alborotaron las voces de quienes están al acecho del menor de los pretextos para culpar a los inmigrantes indocumentados de todos los males de Estados Unidos.

Grupos antiinmigrantes pusieron consignas en el internet; un locutor de Boston dijo que los inmigrantes deberían llamarse ‘criminaliens’, y en un programa favorito de los conservadores se sugirió que los indocumentados deberían verse ahora como un arma biológica.

El embajador de México en Washington, Arturo Sarukhan, lamentó la irresponsabilidad de quienes buscan crear una situación escandalosa. Algunos de estos grupos -nos dijo- son grupos que desgraciadamente en el pasado han mantenido posturas antiinmigrantes.

Por ello pidió que se notifique de inmediato a la embajada o a los consulados de México de cualquier caso de discriminación, abuso o de abierta violación de los derechos humanos de las personas, al margen de su situación migratoria.

En igual sentido la Liga Anti Difamatoria (ADL) condenó la satanización de los mexicanos a raíz de la epidemia. “Esa retórica inflamatoria y de odio contra los mexicanos en particular y contra los latinos en general, debe ser condenada como inaceptable y anti-Americana”, sostuvo su director nacional Abraham Foxman.

No todo está perdido. Las autoridades estadounidenses expresaron a las mexicanas su compromiso de atender a todas las personas afectadas por la emergencia de salud pública, indistintamente de sus papeles migratorios. El tema subraya, una vez más, la importancia de que en cualquier reforma de salud se considere la situación de los indocumentados. Los virus y las enfermedades no reconocen la situación migratoria.

Es claro que el brote de virus está dejando lecciones positivas. Actuar rápido y con transparencia es una de ellas. Atender las crisis de salud como amenaza colectiva es otra. Una lección más debe ser que todos respondamos con una sola voz a quienes busquen usar estas crisis para alentar el racismo y los fines más perversos.

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