Seguridad y reforma migratoria amplia

Maribel Hastings
America’s Voice

WASHINGTON, D.C. — Si algo demostraron los debates migratorios de los pasados años en el Congreso es que las legislaciones y las estrategias no satisfacen a todas las partes involucradas. En el estira y afloja no todo mundo queda satisfecho.

También quedó demostrado que ante la ausencia de acuerdos los más afectados han sido los millones de indocumentados que siguen sin legalizar su situación migratoria.

Pero ahora que se vislumbra la posibilidad de otro debate, la presentación del presupuesto de Barack Obama ha generado todo tipo de reacciones de quienes creen que no va demasiado lejos en garantizar la seguridad fronteriza, que se está concentrando en la frontera para resolver los problemas que le competen a México, y que sólo es un “frente” para promover una “amnistía”.

Otros dicen que se le fue la mano, que incluso está perpetuando las fallidas políticas del republicano George W. Bush, o que se ha tornado en John McCain, promoviendo primero la seguridad de la franja para poder hablar de legalización.

La pregunta es, ¿se cancelan mutuamente la seguridad fronteriza y la reforma migratoria amplia, o ambas cosas deben ir tomadas de la mano?

La respuesta depende, obviamente, de cómo usted interprete el asunto.

Un sector criticó el presupuesto de 27,000 millones de dólares que Obama solicitó al Congreso para la seguridad fronteriza porque pidió más agentes y tecnología. Criticaron más el anuncio de que el Departamento de Seguridad Interna (DHS) planifica completar un muro “virtual” a lo largo de toda la frontera sur con tecnología de punta no sólo para frenar el paso de indocumentados sino para tener mejor control de la franja aquejada por la violencia del narcotráfico.

Después de un retraso de tres años, la construcción del mentado muro virtual comenzó el martes en el sector de Tucson, Arizona. La idea es abarcar con nueva tecnología (torres de radares, sensores y otras cosas) las 2,000 millas de la frontera EEUU-México en un lapso de cinco años.

Todos hacen referencia a la cita de Obama hace casi dos semanas al hablar de los próximos pasos en el tema migratorio:

“Si los estadounidenses no sienten que puede garantizarse la seguridad de las fronteras, entonces es difícil lograr un acuerdo que permita sacar a la gente de las sombras y hacia una vía a la ciudadanía…porque la actitud del estadounidense promedio será que ‘(si no se aseguran las fronteras) cada año seguirán entrando cientos de miles (de indocumentados)”, dijo Obama.

La cita refleja, una vez más, ese delicado balance que se busca para obtener el apoyo de una mayoría en el Congreso y en el país para avanzar un plan de reforma migratoria amplia.

Apoyar una reforma que traiga legalidad a la situación migratoria de millones de indocumentados no debe suponer ilegalidad en la frontera. Lo cortés no quita lo valiente. Se trata de aplicar las leyes de manera sensata e inteligente, y de ser realistas.

Nadie, claro está, aboga por una franja militarizada ni por el énfasis desmesurado en fallidas medidas de seguridad que dejen de lado cualquier plan de legalización.

Ahí está el detalle. Quienes entienden la danza política de los siete velos que busca dar luz verde a un proyecto de reforma migratoria en el Congreso le dan, por ahora, el beneficio de la duda a las buenas intenciones de Obama y saben que el tema de la seguridad tiene que ser parte incial de cualquier discusión.

El problema surge si la falta liderazgo en ambos partidos (y la inflexibilidad de algunos sectores involucrados) frena el avance de esa reforma y nos quedamos con nuestro muro virtual mientras millones de almas siguen en las sombras.

Finalmente, ambos asuntos deberían ir de la mano porque la seguridad no sólo se requiere en las fronteras y cualquier plan de legalización, además de proveer una solución justa, humana y práctica al problema migratori

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