Antes de la Nación

Mientras la temperatura de la guerra sube en Irak y Estados Unidos refuerza sus tropas en Afganistán, surge otra vez la pregunta jamás respondida.

No tanto, ¿qué es una nación?, como, ¿porqué y cuando es una nación?

Cuando hablamos de Irak, Afganistán o incluso de Pakistán como naciones-estados, estamos en verdad hablando de las elites políticas de sus capitales y de las relativamente nuevas identidades políticas que no son todavía muy bién aceptadas incluso en esas mismas naciones.

Muchos de esos países tienen fronteras que no fueron trazadas por ellos mismos, sino por diplómatas europeos que las hicieron más por sus propios intereses que por los intereses de los habitantes de esos países.

Déjenme dar un ejemplo: recuerdan al ex presidente de Pakistán, Pervez Musharraf? Cuando él nació, no había Pakistán. El nació como ciudadano del noroeste de la India.

En muchos de esos países hay millones de gente que se ven a sí mismos, primero y sobre todas las cosas, como miembros de tribus antiguas a las que ellos son fundamentalmente leales. Ellos son Pashtun, Punjabi, o Tajik.

En Infiel, el libro autobiográfico de Ayaan Hirsi Alí, la autora recuerda a ella y su hermana de pié en el patio de su casa en Somalia, recitando el lineage de su clan. Frente a ellas estaba la imponente figura de su abuela, con látigo en la mano; y pobre de quien se olvidara o dejare pasar por alto el nombre de un predecesor.

Su abuela no les pedía enumerar los gobernantes de Somalia. Las historias y el lineage de su tribu, de su clan y sub-clan eran lo importante.

Para millones y millones de gente, en Africa y en Asia del Sur, el clan es crucial; la nación es efímera. Antes de la nación, está el clan. Si uno está en un problema, allí está el clan. Cuando uno está en peligro, allí está el clan.

La nación es una colección de extranjeros; es la distante ciudad capital, la fuerza opresiva que impone los impuestos, o es la indeseada presencia militar.

Como Estados Unidos, bajo Obama, planea desligarse de Irak y de reforzar sus tropas en Afganistán, confronta una fuerza que los norteamericanos no han tenido que contemplar por varios siglos; el poder de las tribus (aquí hablo de los llamados, “indios,” nombre que los europeos imponían a multitudes de tribus, clanes y sub-clanes.)

Este es el verdadero poder social y políticos que está bajo de los osificados y generalmente corruptos gobiernos nacionales en los que Estados Unidos ha invertido billones de dólares.

Hay una nación-estado formal, con todas las estructuras que les gusta a los norteamericanos, pero, imperceptiblemente, están los verdaderos poderes de la sociedad, quienes forman y definen la indentidad del pueblo, las tribus.

Esta puede ser la roca que destruirá todos los esfuerzos norteamericanos -todos sus billones de dólares, todo su poderío militar.

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