Ang Lee ofrece una comedia deliciosa sobre los años “peace and love”

CANNES, Francia (AFP) – Con “Taking Woodstock”, una comedia tan deliciosa como inteligente sobre la juventud de los años 60, enmarcada en el legendario concierto de Woodstock, el cineasta taiwanés Ang Lee conquistó este sábado al público de Cannes.

Sumamente esperadas, las dos películas en competición el cuarto día del Festival, “Taking Woodstock” y “Un profeta” de Jacques Audiard, con la que Francia entra en liza, respondieron con creces a las expectativas, dando dos grandes momentos de cine en registros totalmente diferentes.

“Taking Woodstock”, basada en el libro autobiográfico de Elliot Tiber, cuenta el fenómeno social y cultural que fue Woodstock, pero no cae en la trampa de tratar de reproducir el concierto.

La acción trascurre a pocos kilómetros del escenario y sigue algunas de miles y miles de personas que lo hicieron posible de una manera u otra. A través de ellos, Ang Lee recrea el espíritu de toda una generación y, con un humor sin fallas, transporta al espectador a esa época.

Elliot (Demetri Martin), pintor sin éxito y decorador con serios problemas financieros, decide irse de Nueva York e instalarse en el pequeño pueblo rural de White Lake, donde sus padres administran un ruinoso motel en quiebra.

Al enterarse de que un pueblo vecino ha negado la autorización para que se realice en sus tierras un concierto hippie, Elliot decide aprovechar la oportunidad para superar su difícil situación económica, y contacta a los organizadores.

Tres semanas después, en agosto de 1969, medio millón de personas convergen hacia la zona, creando un acontecimiento que pasó a ser emblemático de toda una generación. La vida de Elliot cambia con él.

Una galería de personajes escenifican los dramas y esperanzas de la época: los hippies, por supuesto, pero también un traumatizado ex combatiente de Vietnam, un disparatado grupo de teatro que vive en un establo, un organizador de conciertos entre espíritu hippie y sentido del negocio, un travestido que trabaja de guardaespaldas, o la madre de Elliot, arquetipo de la ‘yiddish mama’, encarnada por Imelda Staunton, cuya actuación merece un capítulo aparte.

“Después de años de filmar tragedias, quería hacer una comedia que tuviera algo de drama pero sin cinismo. Cuando Tiber me hablo de su libro, me dije que era eso lo que quería hacer”, declaró en conferencia de prensa el autor de “Brokeback Mountain”.

Ang Lee explicó su elección afirmando que “los años 60 culminan con Woodstock, con esa imagen romántica. Woodstock es el fin de la inocencia”.

“Woodstock es un símbolo: el de esa joven generación que tomó distancias con su mundo, que quiso buscar una relación más justa para vivir en paz con los otros y vivir en paz con la naturaleza. Ellos sembraron una toma de conciencia que nosotros asumimos ahora”, estimó.

“Yo sé que hay gente que dirá que había la droga, que eran sucios, pero yo creo que hay que reconocerles el valor de haber vivido tres días de paz, amor y música. No sé si hoy podríamos hacer lo mismo, y eso lo echo de menos”, dijo.

Dos veces León de Oro de Venecia, por “Lust, caution” (2007) y “Brokeback mountain” (2005) y Oscar del mejor director por esta última, Ang Lee presentó ya en Cannes dos de sus películas, “Ice storm” (1997) y “Tigre y dragón (2000).

En un registro opuesto, “Un profeta” de Jacques Audiard es una película negra filmada con maestría y con un ritmo sostenido que hace que sus dos horas y media de duración parezcan cortas.

La película se inicia con el encarcelamiento de Malik, joven francés de origen árabe condenado a seis años de prisión por un delito menor.

Malik (interpretado magistralmente por un actor debutante, Tahar Rahim) tiene sólo 19 años, carece de familia y es analfabeto. En la cárcel, organizada en bandas, el joven es coptado por la mafia corsa, pese a su origen árabe y al racismo que impera en ese medio. Tras someterse, Malik aprende rápido y empieza a aliarse con unos y otros según sus p

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