Hombres en la sombra y discretas pruebas nocturnas en el Palacio en Cannes

CANNES, Francia (AFP) – Todas las noches, los ‘hombres de la sombra’ invaden la gran sala del Palacio del Festival de Cannes llevando de la mano a directores ansiosos para que asistan a una última prueba nocturna antes del pase oficial de cada película.

Esta última sesión de pruebas empieza a las dos, tres o cuatro de la mañana, cuando la ciudad duerme o se divierte en fiestas privadas. Proyeccionistas y técnicos llevan entonces a los directores hasta el teatro Lumière, con sus 2.500 butacas vacías.

“Los cineastas tienen estrés. Asistimos a peleas increíbles, a broncas monumentales, caprichos… Algunos no dejan de moverse en la sala, otros suben a cabina. También están los que se sientan y saborean ese momento, solos con su película”, cuenta Pierre-William Glenn, director de fotografía de François Truffaut, Samuel Fuller, Bertrand Tavernier, y que supervisa la organización de las proyecciones durante el Festival.

“Cuando aparece en la pantalla la primera imagen de la película a las tres de la madrugada, sus rostros reflejan expresiones fabulosas”, destaca Alain Besse, su adjunto en la Comisión Superior Técnica de Imagen y Sonido (CST).

Ambos forman parte de las 120 personas que afinan el volumen sonoro en la sala, la iluminación, controlan el estado de los proyectores y los rollos, escrutan el más mínimo rayo de luz indeseado.

Un trabajo crucial. En 1983, las averías repetidas de los proyectores casi cuesta la anulación del festival, recuerda el presidente del certamen, Gilles Jacob, en su libro ‘La vida pasará como un sueño’.

La CST selecciona la flor y nata de los 2.500 proyeccionistas franceses: 90 hombres y mujeres formados a la vez para las proyecciones tradicionales en 35 mm y las digitales.

En la cabina de la sala Lumière, se alinean tres proyectores 35 mm con sus grandes bobinas de 600 metros. Al lado, dos grandes servidores verdes para leer las copias digitales de siete u ocho películas, de las veinte que comprende la competición.

Los proyeccionistas ven con nostalgia el formato 35 mm. “Con los rollos tienes la impresión de mantener un contacto físico con la película”, dice uno de ellos.

La diferencia digital/35 mm para un proyeccionista es “como ir al restaurante con usted, los dos juntos, o mirarse por una webcam”, resume a AFP Paul Genesty, que lleva 22 años metido en cabina.

“A nivel de resultado, la proyección digital no tiene nada que envidiar al 35 mm”, reconoce Glenn, seducido por ‘Up’, la película inaugural de animación en 3D.

En cambio, dice, una película filmada en 35 mm sigue siendo superior por ahora al digital. Considera absurdo pensar que “con camaritas digitales, todo el mundo puede filmar” una obra. El dominio técnico y el talento del director son esenciales, insiste.

“El lápiz no determina la calidad de la escritura”, añade, y denuncia la idea, según él muy extendida en Francia, de que “cuanto más desenfocado, cuanto menos domininio técnico, mejor”.

Pierre-William Glenn, que recibirá una Palma por el conjunto de su carrera, presentará película en Cannes, en sesión especial: ‘Retrato de grupo con niños y motocicletas’. Sus hombres y mujeres en la sombra seguirán efectuando “un trabajo que no se ve” para que la magia del cine colme la pantalla.

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