Llegó la hora…

Esta semana en la que se festeja el cumpleaños 20 de Internet, con un día que debe ser dedicado a fomentar, acercar y comunicar los beneficios de Internet al mayor número de gente posible, dedicaré mi artículo a dos correos de entre las decenas que sobre la influenza me han ido llegando a través de ese medio.

Pero antes quiero decir, que el virus de la influenza nos ha hecho ver más claro que nunca, que a México le llegó la hora, un poco retrasadita por cierto, de muchas cosas.

La principal, es por supuesto la necesidad de acabar con la desigualdad y de invertir mucho más en educación, en salud, en investigación; en fin, en la gente.

Y menos, mucho menos, en los partidos políticos que este año se llevarán la locura de 3 mil 660 millones de pesos; pese a que su pobre desempeño anuncia que en las elecciones de este julio, el abstencionismo llegará al 65 por ciento.

México es un país pobre; y por eso no puede darse el lujo de tirar ese dineral a la basura; porque gran parte de esos millones se van en basura plástica o televisiva; en anuncios que nada dicen; en agresiones, descalificaciones e insultos; en pleitos internos y externos; en propuestas para incrementarse prerrogativas, dietas y salarios y no para ver como se da solución a los problemas reales por los que nuestro país atraviesa.

Y que no cesarán, mientras no mejoren las condiciones de vida de los mexicanos más pobres; que son a los que más afectan la desnutrición, enfermedades, narcotraficantes y los políticos corruptos que se quedan con lo que no les pertenece.

Bueno pasando al tema de los correos a que me referí al principio de este artículo, los mandaron dos médicos, el mexicano Enrique Stoopen Margaín, que trabaja en el Hospital ABC de la Ciudad de México y la estadounidense Elizabeth Rosenthal, que además de doctora es periodista y como tal fue corresponsal en Beijing cuando la gripe aviar.

Ambos doctores coinciden en que el virus H1N1 es un problema de salud serio porque es muy contagioso, y no ha sido controlado; pero que no es más grave que la influenza común.

Precisan que de ningún modo son exageradas las medidas higiénicas que se han recomendado; que el virus que repito es altamente contagioso, tiene la ventaja de que es curable.

Y que para eso, es de suma urgencia acudir al médico ante la aparición de cualquiera de los síntomas que se han identificado como graves; y son fiebre alta, tos seca, escurrimiento nasal, sensación de cuerpo cortado, o dolores intensos de garganta cabeza.

Dicen también, que usar los cubrebocas azules comunes, no sirve para detener este virus, sino que es más bien un símbolo de la enfermedad; y que en todo caso, sirve para recordar las medidas preventivas que sí funcionan.

Como el aislamiento de los enfermos, el no ir a lugares cerrados y concurridos; y sobre todo el lavado de manos con agua y jabón varias veces al día.

La doctora Elizabeth relata que en Beijing pudo percatarse de que la recomendación de lavarse las manos con frecuencia, no sólo evitó entonces, que se contagiaran millones de niños chinos en las escuelas; sino que también desaparecieron como por encanto, las infecciones intestinales.

Advierte como otras medidas importantes estar lo más posible al aire libre; y evitar tocar manijas de puertas y barandales de escaleras públicas.

Y considera grave la desinformación, indicando que debe acentuarse que la enfermedad no es más mortal que la influenza común; que tiene cura y que no debe sembrarse el pánico.

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