Religión y erudición

Hace cuatro años, en una banca vacía de un lugar público, encontré un libro que tenia por titulo, Ángeles y Demonios, el autor es el controversial escritor estadounidense Dan Brown. El tema me cautivó e inicié a leerlo hasta que lo terminé en unas semanas y lo devolví al mismo lugar adonde lo encontré para que continuase su destino.

El contenido del libro me fascinó, ya que haciendo a un lado la ficción, existe un profundo argumento sobre las diferencias históricas que han dividido a la comunidad religiosa y la científica a través de los siglos.

Ahora que la película ha sido estrenada mundialmente, un nuevo debate mundial surge con respecto a la veracidad de la guerra histórica entre los adalides de la religión católica (ángeles) y los iluminados de la ciencia (demonios)

Para comprender mejor el argumento histórico de este debate entre Ángeles y Demonios, tenemos que remontarnos al siglo XVI, al momento de la historia en el cual el modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico en 1533, trascendió a cambiar el concepto religioso medieval que consistía en considerar al universo como finito y jerarquizado, siendo el ser humano su centro con el fin de contemplarlo, lo que produjo en la comunidad iluminada por el conocimiento, establecer que la naturaleza perdiese su carácter teológico, y que el ser humano no es mas que otro material del universo sujeto a la movilidad del mismo.

Con Copérnico se origina el concepto de que el ser humano es gobernado por su Razón, la cual será la facultad que le permita formar parte en el ordenamiento del universo. De esta manera, el ser humano se convierte en un ser autónomo que asiente su autonomía en su capacidad de raciocinio, haciendo que la razón del ser humano le permita apoderarse de la naturaleza, y así, controlarla y dominarla.

Con ello, el ser humano deja de ser el centro físico del universo para transformarse en el centro racional, que le permite enfrentarse al mundo, no contemplándolo, sino estableciendo hipótesis por medio de las capacidades humanas, que contrastadas con la naturaleza podrán ser válidas o no.

Este es el origen de la revolución científica de los iluminados por el conocimiento, que desafió las ideas teológicas equivocadas de la iglesia católica apostólica romana y que desató una inquisición santa contra el conocimiento humano con el propósito de dominar a la humanidad y someterla a la doctrina de una iglesia liderada por ególatras impregnados por la avaricia de poder, gloria y riqueza, que utilizaron el nombre de Dios y lamentablemente el sacrificio de Jesucristo para someter al mundo.

La exégesis bíblica medieval era rígida y no permitía que pudieran existir divergencias entre las verdades de la fe y las nuevas descubiertas por la razón, ya que según los exegetas, ambas debían tener su origen en un mismo y único Dios. En caso de conflicto, la verdad de la fe revelada en las escrituras bíblicas debía prevalecer, ya que expresan la palabra infalible de Dios.

Esta postura sufrió diversos conflictos debido a los avances de las ciencias experimentales, que producían conclusiones inconciliables con las afirmaciones literales de la escritura bíblica y aun ahora, se mantiene ese conflicto. Los trabajos científicos de Nicolás Copérnico, Galileo Galilei y Charles Darwin, transformarían el pensamiento humano y la visión del universo.

En el siglo XXI, los avances científicos en la concepción artificial, la clonación humana y el desarrollo de células madres, son los retos teológicos, éticos y morales que dominan el debate científico y religioso, sin embargo, en esta oportunidad no existe una santa inquisición y tampoco un complot científico para destruir el vaticano y su jerarquía como Brown infiere en su novela.

La religión se basa en la fe y la erudición en las pruebas, personalmente ambas me fascinan porque he tenido la oportunidad de practicarlas, en ellas he encontrado la armonía que Dios ejerce para dar balance al universo.

¿Creación o evolución?, ¿Ángeles o demonios?, ¿Fe o ciencia?

Dios nos

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