La isla para patos que desprestigia al Parlamento británico

LONDRES (AFP) – Desde una isla para patos hasta la limpieza de una piscina, pasando por una silla para masajes y comida para perros: los reembolsos de gastos reclamados por los representantes de Su Majestad han cubierto con un manto de sospecha al venerable Parlamento británico.

La lista cotidiana de los gastos excesivos reclamados por los legisladores británicos, que el diario conservador Daily Telegraph empezó a publicar hace 14 días, provoca el asombro y la indignación de los contribuyentes británicos, que afrontan la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial.

A las reclamaciones de reembolsos por candelabros, reparación de pistas de tenis en aristócratas mansiones, pagos por hipotecas que no existen, se sumó este jueves la revelación de que un legislador tory (conservador), Peter Viggers, reclamó 30.000 libras (33.000 euros, 45.000 dólares) por gastos en su jardín, entre ellos una “casa flotante para patos”. Viggers, que reclamó al fisco el reembolso de 2.500 dólares por esa “isla para patos”, abandonará su escaño en la próxima elección, anunció el partido conservador, después de que el Telegraph aireara la noticia, acompañada de una foto de la lujosa residencia flotante para los palmípedos del legislador.

Hasta el momento, las revelaciones del Daily Telegraph han salpicado a más de 170 diputados de todos los partidos y desacreditado al Parlamento en su conjunto. Y aquellos diputados cuyo nombre aún no ha aparecido en el diario no deben dormir muy tranquilos.

En los programas de radio y televisión se multiplican los llamamientos “a que caigan cabezas” y se reclama a los diputados -que usan el término de “honorable caballero” para dirigirse unos a otros en el Parlamento- saquen sus chequeras y devuelvan al endeudado fisco el dinero con el que han redondeado sus salarios.

El escándalo ha salpicado a todos: los ministros de Trabajo, James Purnell, y de Transporte, Geoff Hoon, no pagaron impuestos sobre las grandes ganancias que obtuvieron al vender casas cuya compra había sido parcialmente financiada por los contribuyentes, y el ministro de Justicia, Jack Straw, reclamó el reembolso de un impuesto local que no había pagado.

Los ‘tories’ no se quedan atrás: un parlamentario conservador, Bill Wiggin, reclamó el reembolso de una hipoteca que no existía en una sus casas, y otros han reclamado el pago de candelabros, suntuosas alfombras y muebles, limpieza de fosos o calentamiento de piscinas en lujosas casas campestres. Wiggin alegó a la BBC que se había “equivocado al rellenar el formulario” para reclamar el reembolso de la hipoteca, lo que provocó que una contribuyente llamara a la radiocadena para declarar que si el legislador “no es capaz de llenar bien un formulario, ¿cómo se puede esperar que administre bien el país?”.

Tras el escándalo que ha puesto en jaque a toda la clase política y ha provocado ya varias dimisiones -entre ellas la del presidente de los Camara de los Comunes, Michael Martin- los tres grandes partidos están de acuerdo en que es inevitable reformar el sistema de gastos de los diputados. Los laboristas, conservadores y liberal-demócratas han acordado ya acabar con la autogestión de la cámara baja, transfiriendo a un organismo independiente su organización interna.

En un intento de recuperar algo de la credibilidad perdida, y quizá de salvar sus cabezas, los legisladores se dicen dispuestos a examinar incluso un tope mensual a sus gastos, que la mayoría usa para redondear sus sueldos o costearse un lujoso estilo de vida.

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