Cannes: cineasta argentino ofrece apabullante relato entre la vida y la muerte

CANNES, Francia (AFP) – El director argentino Gaspar Noé ofreció este viernes un nuevo momento intenso al Festival de Cannes con un experimento sensorial, crudo y alucionatorio, en torno a la vida y la muerte.

“Soudain le vide” (De repente el vacío) tiene como personajes centrales a Oscar y Linda, dos hermanos sobrevivientes de un accidente brutal de coche que costó la vida a sus padres.

Los dos huérfanos, interpretados por los jóvenes norteamericanos Paz de la Huerta y Nathaniel Brown, han crecido separados pero desde hace poco están juntos en Tokio, donde él trafica con droga y ella hace strip-tease.

El joven se lleva un tiro mortal en el pecho y a partir de ahí, el pasado, el presente y el futuro de los dos personajes se entremezclan en un maremágnum de imágenes, sonidos, sensaciones que navegan entre la vida y la muerte con momentos de gran crudeza.

A lo largo de las 2h 45m que dura la película en versión aún provisional, recibida con algunos abucheos y muchos aplausos, Gaspar Noé propone un viaje sensorial extremo en el que imagen y banda sonora son más importantes que el discurso, por otro lado escaso.

La cámara está en perpetuo movimiento, ofrece ángulos y enfoques inesperados. A Oscar se le ve sólo de espaldas, cuando no se convierte en pura cámara subjetiva.

Noé dilata los tiempos, exprime la imagen, que sufre todo tipo de distorsiones, de las formas, de los colores, de los grados de nitidez. Todos los planos tienen truca. Tokio de noche, reinventada en 3D por la computadora, es otro personaje importante de la película. Según Noé, es la que más se parecería hoy en día a “Metrópolis”.

El resultado visual es apabullante. La gama de sonidos también resulta impactante.

Gaspar Noé parece interesado ante todo por reproducir sensaciones e impresiones, no busca ser racional a toda costa.

Reconstruye la vida de los dos hermanos, pero lo hace a retazos, ofreciendo imágenes nítidas sólo de vez en cuando, saltándose el orden lineal, dividiendo la exposición de su pasado y presente en tres bloques marcados por imágenes recurrentes del accidente fatal que ha marcado las vidas de los jóvenes protagonistas. Picados vertiginosos marcan la vuelta al pasado.

Noé intenta traducir a imágenes el efecto de la droga, la inminencia y el instante de la muerte, los momentos posteriores (con una cámara que planea a cierta altura, representación bastante clásica).

No es difícil encontrar referencias cinematográficas. El David Lynch de “Terciopelo azul”, donde la cámara se introduce por una oreja para entrar en el meollo de la historia. Aquí lo hace por la herida en el pecho de Oscar.

“La dama del lago”, de Robert Montgomery, toda ella en cámara subjetiva, ciertos momentos de “2001” de Stanley Kubrick, la música psicodélica que popularizó, entre otros el grupo Pink Floyd, las visiones que tenían los protagonistas de “Miedo y asco en Las Vegas”, de Terry Gilliam…

El nuevo ensayo de este bonaerense de 45 años es alucinatorio y obsesivo como la primera parte de “Irreversible”. Como en sus películas anteriores, droga y sexo están muy presentes, y sin tapujos, en “Soudain le vide”.

Noé explicó que escribió una primera versión de guión hace unos diez años, para rodarlo en los Andes. En aquel primer esbozo ya figuraba el seguimiento de una persona muerta.

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