Carta póstuma: A Mario Benedetti

No puedo, carajo, enviarte flores. Tan solo palabras heridas, ganas de llorar, recuerdo de cuando estuvimos en Bluefields afiebrados viendo bailar el “Palo de Mayo” a mulatas que parecían estar a punto de cometer un pecado mortal, o cuando vagabundeábamos por Barcelona y Madrid. Leí have unos minutos, tu poema dedicado a Rigoberto López y otro, en extremo generoso, “Tomas recuerda a Carlos”, así como tus persistentes referencias a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Eras asmático como el Che a quien te parecías en otros menesteres: en tu devoción por la justicia, en tu lealtad a prueba de manipulaciones con los revolucionarios, en tu admiración y respeto a Cuba y a Fidel.

Nunca te conocí otra cosa que no fuera tu bondad y pese a tu enorme talento, jamás caíste en la arrogancia, en el odio, en la envidia.

Eras limpio como una pared azul recién pintada

Cuando Juan mi hijo de 11 años tu admirador- como millones de niños, adolescentes y jóvenes- me dio la noticia de tu muerte sentí la necesidad de llevar el enorme hueco con mucho amor, con un cariño largo como la cola de un cometa con tus poemas y esa bondad constructiva y feroz que tuviste durante tu abundante vida. Pondré a media asta mis banderas por largo tiempo.

Escrito lo anterior apareció en el diario nicaragüense de la derecha- el cual te era antipático- un titular elogioso y aprovechando tu muerte, obscenos comentarios contra el F.S.L.N. Entre otros de un famoso escritor, enemigo de Cuba y cruel comentarista contra todas las personas mayores de 70 años.

Mario: Ahora te van a elogiar hasta los pitucos y unos cuantos más derramarán lágrimas de cocodrilo. Hay millones de millones que te lloramos con lágrimas de sal.

Abrazos,

Tomás Borge

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