Colombia podría haber acabado la coca con sólo 20% de fondos dados por EEUU

SAN JOSE DEL GUAVIARE, Colombia (AFP) – Con menos del 20% de los 5.500 millones de dólares que Washington dio al Plan Colombia los campesinos podrían haber acabado con el mercado de hoja de coca, a cambio de precios justos y subsidios a otros cultivos, estimaron líderes de la principal zona cocalera del país andino.

“Llevamos 15 años de gastadera de plata con las fumigaciones y lo único que hemos logrado acabar es el medio ambiente”, dijo Pedro Arenas, alcalde de San José, la capital provincial de 65.000 habitantes.

En Guaviare, con más de 42.000 km2 de selva, se cultiva la tercera parte de la coca sembrada en Colombia, donde la producción del alcaloide se ha mantenido constante en unas 600 toneladas anuales, pese a la ayuda estadounidense.

“Si se hubiera gastado 10 o 20% de lo invertido en el Plan Colombia para proyectos productivos, subsidios a la agricultura y la ganadería, y compra de productos orgánicos a precio justo, ya no tendrían el problema de la coca”, añadió Arenas.

Iniciativas en ese sentido y proyectos para tecnificar la explotación de carne, cosechar cacao, caucho y maderables, e invertir en carreteras están casi paralizados por falta de recursos.

Arenas, politólogo de 38 años, consiguió la alcaldía a nombre del partido verde Opción Centro, en una región en donde la presencia de grupos armados de izquierda y de derecha, fortalecidos por el narcotráfico, impidió durante años el debate político en voz alta.

Ahora dedica los fines de semana a reunirse con los colonos. “Animamos a la gente a que permanezcan en sus fundos. Muchos jamás habrían podido hacerse a 20 ó 50 hectáreas, jamás. Ahora que las tienen, les pedimos que no las vendan. No vale la pena irse al pueblo como desplazado”, señala.

Los colonos que empezaron a llegar al Guaviare en los años sesenta, estimulados por un plan estatal, se acostumbraron a vivir de la bonanza cocalera.

El negocio se mantiene, pero el bajo precio (entre 700 a 900 dólares por kilo de pasta base), ya no es tan rentable: los insumos son más caros y las fumigaciones acaban también cultivos de yuca, plátano y frutas.

Muchos, desesperados, venden la tierra y se internan selva adentro para abrir nuevos cultivos.

A 350 km al sureste de Bogotá por una carretera a la que le falta un último tramo de pavimento, los puertos de exportación sobre el mar Caribe y el oceáno Pacífico quedan muy lejos.

No hay dinero para construir carreteras, ni mantener puertos fluviales. La extensa zona (equivalente a dos veces El Salvador), apenas es cruzada por 250 km de vías y su mantenimiento debe hacerse con menos de 60.000 dólares anuales.

El principal aeropuerto, con un vuelo diario comercial pero cuya pista se comparte con la base antinarcóticos vecina para aviones y helicópteros comprados con millonarios desembolsos del Plan Colombia, está a punto de cerrar por falta de una máquina de bomberos.

El año pasado, cuando el presidente francés Nicolás Sarkozy envió una patrulla aérea para atender a su compatriota Ingrid Betancourt, antes de que el Ejército la rescatara de la guerrilla, “nos prometieron el oro y el moro, ahora no viene nadie, no se aparece ningún delegado de Francia”, se quejó Julián, un enfermero.

“Sacar una producción desde el Guaviare, es toda una proeza”, dijo Gerardo Lozano, cultivador de caucho en el poblado de El Retorno, que lleva tres años tratando de regularizar su producción.

Los camiones suelen quedar atrapadados en gigantescos baches, las trochas son casi intransitables durante los seis meses de temporada lluviosa.

Augustín, campesino de 57 años del sector de El Resbalón, también intentó sembrar cacao, pero el negocio no lo convenció. “Tocaba invertir 5 millones de pesos (2.200 dólares), que no tengo, y firmar un pagaré en blanco, con el riesgo de que el banco se quede con la tierra que logré con sacrificio”, dijo.

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