Sotomayor, latinos e inmigración

Por Maribel Hastings
America’s Voice

WASHINGTON, D.C. – No puedo traer a colación las repercusiones políticas y el ángulo migratorio que algunos tratarán de darle a la nominación de Sonia Sotomayor a la Corte Suprema sin antes externar el enorme orgullo que me produjo el anuncio como mujer, como latina y como boricua.

Igual que me ocurrió el 4 de noviembre de 2008 cuando se supo que Barack Obama sería el primer presidente afroamericano en la historia de este país, me ganó la emoción cuando escuché que la jueza Sotomayor, nacida en Nueva York de padres puertorriqueños, criada en los complejos de vivienda pública del South Bronx, a cuadras del Yankee Stadium, se convirtió en la primera persona de origen hispano en ser nominada al Supremo en toda la historia.

Honestamente no pensé que en mi vida sería testigo de estos dos hechos y en tan corto tiempo. No todos los días se ve una imagen como la de ayer en el Salón Este de la Casa Blanca: un presidente afroamericano nominando a la primera latina al Supremo.

Me enorgullece no sólo porque Sotomayor sea mujer o hispana, sino por el conjunto: su trasfondo, su historia, sus logros, su vasta experiencia judicial, y la posibilidad que el máximo tribunal de la nación cuente no sólo con magistrados que llenen los requisitos profesionales sino que al mismo tiempo puedan tener empatía con el resto, penetrando la torre de marfil que por mucho tiempo ha sido la Corte Suprema.

Lo cual nos trae a las ramificaciones políticas de la nominación y el vínculo que algunos pretendan formular con el tema migratorio.

Políticamente supone una decisión muy hábil de parte de Obama porque a pesar de que se trate de obviar el origen étnico o el género de un nominado, para efectos reales y prácticos ya es hora de contar en el Supremo con algún representante de la minoría de mayor crecimiento en Estados Unidos y de alguien que tenga la sensibilidad intelectual, judicial y personal para el puesto en un tribunal cuyas decisiones afectan a todos. Se trata de aplicar la ley de manera imparcial, pero también de poner las cosas en contexto.

Asimismo, políticamente Obama sigue en la ruta de solidificación del amplio apoyo hispano que obtuvo en noviembre (67% de los latinos votaron por él).

Los republicanos, por su parte, tendrán que ser muy cuidadosos para cuestionar, como se espera que hagan, la nominación de una jueza que muchos grupos conservadores consideran una “activista” y liberal, como si los jueces más conservadores del Supremo no reflejaran las posturas de quienes los nominaron –con algunas excepciones-.

Ya el senador republicano de Texas, John Cornyn, integrante del panel Judicial del Senado, advirtió que en sus audiencias de confirmación en la Cámara Alta, Sotomayor deberá “probar su compromiso con la imparcialidad decidiendo los casos en la ley y no en políticas personales, sentimientos o preferencias”.

Pero los republicanos, heridos de muerte entre los votantes hispanos, tendrán que ser sumamente hábiles a la hora de cuestionar a Sotomayor para no reforzar la imagen de antihispanos que muchos de ellos se han ganado a pulso por sus posturas en el rubro migratorio. Algunos estrategas han recomendado que los republicanos guarden sus cartuchos para la potencial segunda nominación al Supremo que Obama podría formular.

Eso nos trae a la idea circulada entre algunos sectores y comentaristas de que la nominación de Sotomayor le “compra” tiempo a Obama para posponer acción en el frente migratorio. Es decir, que con la nominación de Sotomayor –y su potencial confirmación-, Obama cumplió con la comunidad hispana y puede darse el lujo de ir posponiendo el asunto de la reforma migratoria amplia.

En primer lugar, una cosa no tiene que ver con la otra. La nominación de una hispana al Supremo no borra ni soluciona la realidad de que hay más de 12 millones de indocumentados entre nosotros y que por razones económicas, de seguridad, huma

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