Para reo mexicano, vivo o muerto, la libertad "es lo que cuenta"

Por Francisco Trujillo.

Livingston.- Cesar Roberto Fierro Reyna, el mexicano con casi 30 años en espera de su ejecución en Estados Unidos, vive una profunda desesperanza y por ello sostiene que lo único que cuenta es alcanzar la libertad, sin importar si llega vivo o muerto.

Desde el pabellón de los sentenciados a muerte en la Unidad Carcelaria Polunsky, en Livingston, Texas, el reo de 52 años de edad originario de Ciudad Juárez, en el estado mexicano de Chihuahua, dice a Notimex que “lo único que cuenta ahora es irme a volar y no volver”.

“A mí no me interesa como me eche el estado de Texas de aquí, de esta cárcel. Si el estado de Texas me va a matar, me va a matar pero me va a dejar ir, me va a dejar ir vivo o muerto”, señala resuelto.

“El día en que el estado de Texas me ponga en la calle de una manera u otra, el día en que me ponga la inyección, me ponga en la silla eléctrica o me ponga en la calle y me vaya yo, esa es mi libertad”, afirma Fierro.

“A mí no me interesa si me pone la inyección, o me pone en la calle a caminar e irme a mi casa, el día que me eche fuera de la prisión, eso es lo que cuenta para mi, mientras tanto todo lo demás sale sobrando, son puras palabras”, dice.

“Una de dos: Me mata y me manda pa la casa. No me mata y me deja ir a la casa; es como blanco y negro, es la madre y el padre”, recalca, golpeando repetidamente con el índice una barandilla ubicada detrás del grueso vidrio que lo separa en el área de visitas de Polunsky.

Fierro sigue “haciendo tiempo” esperando el desenlace de su situación que lo ha mantenido en un confinamiento considerado por muchos como inhumano y que a lo largo de casi tres décadas le ha causado un visible deterioro a su salud física y mental.

El mexicano, al igual que los más de 340 reos sentenciados a la pena de muerte en Texas, permanece 23 horas diarias encerrado en una pequeña celda de tres metros por dos, de la que solo puede salir una hora al día, cuando lo sacan a tomar el sol a un patio interno de la prisión.

“Lo único que cuenta para mi es irme a volar y no volver”, afirma Fierro, al separar el tema que domina su pensamiento. “Yo lo tengo todo, excepto mi libertad; si tengo mi libertad no me hace falta nada”, asegura. Dice que ni siquiera se ocupa ya en soñar, porque “los sueños no son la libertad verdadera y si no es la libertad, pues no es nada”.

Fierro se ve lúcido sólo cuando habla de libertad y no muestra interés en ningún otro tema a lo largo de hora y media de una accidentada entrevista, que en su mayor parte es ocupada por declaraciones de relatos fantasiosos, como el de los millones de pesos que dice tiene depositados en un banco para cuando salga de prisión.

Los signos de su inestabilidad mental parecen evidentes al igual que su decaimiento físico. Fierro luce delgado, un estado que ha mantenido en años recientes a diferencia de sus primeras décadas en prisión, cuando los guardias le apodaban “el oso” por lucir entonces rechoncho. Su desesperanza se evidencia cuando cuestiona al reportero: “¿Qué puedes hacer tú por mí?, no me puedes dar nada, sino me puedes dar la libertad”.

“¿Para qué quiere escribir de mí? Yo no quiero ser famoso. Yo no quiero que me conozca nadie, yo no quiero que me dé nada nadie, la verdad, a mi no me interesa nadie”.

“Todos me han abandonado”, sostiene, tras escuchar los nombres de personas que en los últimos 30 años han estado cerca de él, como miembros de su familia y algunos abogados y amigos. “Nadie me va ayudar, porque yo lo tengo todo excepto mi libertad”, dice.

“Cuando me maten esa es mi libertad, cuando me dejen en la calle, me dejen en mi casa, en mi tierra, esa es mi libertad. Si me dejan ir libre, esa es mi libertad; si me matan, esa es mi libertad”, reitera. Fierro ha sido el más castigado de los mexicanos condenados a la pena de muerte, al haber pasado más de la mitad de su vida en prisión y haber superado ya el término promedio de una condena por homicidio bajo los están

You must be logged in to post a comment Login