Fantasmas asesinos

 Por Bessy Blanco

Este lunes se vivió la fiesta más grande de El Salvador y estoy una vez más de acuerdo con Dagoberto Gutiérrez en cuanto a que ayer se celebró el fruto de muchas luchas.

La celebración resume rebeliones que iniciaron mucho antes de Anastacio Aquino (1830); es también fruto de la lucha de Farabundo Marti (1932), fruto del esfuerzo del movimiento popular y Unión Nacional Opositora (1972-77) y la lucha armada de los 80s.

Junio inició entregando la herencia de los tantos miles asesinados en la cruel guerra que se libró en nuestra querida patria desde la colonia misma hasta la firma de los acuerdos de paz en el 1992. El nuevo gobierno se logro por la fuerte determinación de un pueblo cansado de que la derecha viva y administre El Salvador como a su propia hacienda. ¡En buena hora compatriotas!

No pretendo profundizar en el discurso de nuestro presidente Funes, que por cierto fue muy bueno, pero deberá ser tema por separado de lo que intento comentar en estas líneas. Solo quiero detenerme ligeramente en el asunto de la seguridad o más bien sobre la total inseguridad que vive nuestra gente dentro de los veintiún mil kilómetros cuadrados (descontando los bolsones).

No me sorprendió de ninguna manera que el invitado, quizás el más esperado de la fiesta de inauguración presidencial, Hugo Chávez, no hiciera acto de presencia. Aunque resultó un poco desalentador debemos entender que en países como el nuestro suceden cosas inexplicables.

Pareciera que fantasmas circundaran en la nación, fantasmas asesinos que asechan constantemente, fantasmas que se desconciertan y rompen sus vestiduras cuando en el discurso presidencial nuestro nuevo presidente pone el dedo sobre la llaga. Estos fantasmas que deambulan bajo la oscuridad de la noche fueron los responsables que no llegaran mandatarios que inicialmente confirmaron su asistencia.

Este primer día del mes El Salvador amanecía diferente, con un nuevo presidente, con un gabinete esperanzador, con nuevos sueños, con alegría, abrigando la ilusión de comienza a gestar una nueva era para el país. Pero también se amaneció con la noticia que el señor Adolfo Torres, quien semanas atrás estuvo en todas las noticias, amaneció muerto, supuestamente por suicidio.

Con la muerte de Adolfo Torres surge un montón de preguntas: ¿Fue suicidio o una purga?, ¿cuántos secretos se llevó a la tumba?, ¿lograría decir algo antes de morir?, ¿quién o quienes estarían interesados en su desaparecimiento?, ¿se logrará esclarecer este nuevo hecho criminal o quedará en el limbo como tantos otros?, ¿se saldrán nuevamente con la suya los fantasmas de la oscuridad?

Las respuestas a estas y otras preguntas podrían estar directamente vinculadas con el grado de corrupción que ha vivido el país en los últimos 20 años; o quizás a los fantasmas que se han movido libremente bajo la protección de un poder superior.

Y una última pregunta, ¿será que de una vez por todas llegará a la Fiscalía General de la República alguien con los pantalones (o falda) bien puestos y logre poner al descubierto la red de crimen organizado y narcotráfico que tanto daño ha hecho.

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