Posible regreso de Cuba a OEA plantea más preguntas que respuestas para Washington

WASHINGTON (AFP) – El posible regreso de Cuba a la Organización de Estados Americanos (OEA) plantea más preguntas que respuestas para la diplomacia estadounidense, que durante casi medio siglo consiguió evitar y desdeñar un enfrentamiento directo con La Habana.

La primera parte de la resolución aprobada el miércoles por los ministros de la OEA en San Pedro Sula, que anula la exclusión vigente desde hace 47 años, supone un innegable triunfo para el régimen cubano.

La segunda parte es la que Estados Unidos considera realmente importante.

“La participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA”, señala el texto.

“Estoy satisfecha de que (al final) todo el mundo se mostrara de acuerdo en que Cuba simplemente no puede retomar su silla sin más”, explicó la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Pero la negociación distó de ser fácil, sobre todo porque persiste la duda de si el retorno sin más de Cuba podría haberse logrado mediante una votación que para Estados Unidos lucía muy complicada.

“Cuando dejamos muy claro que nuestro compromiso con los principios de la OEA no era negociable, esos países se dieron cuenta de que tenían que hallar una forma de trabajar con nosotros”, aseguró a la prensa Tom Shannon, el aún vicesecretario adjunto para América Latina, al resumir las negociaciones.

Esos países son el bloque “bolivariano” de la iniciativa Alba, liderados por Venezuela, reveló Dan Restrepo, el consejero del presidente Barack Obama para América Latina.

Restrepo no respondió claramente sobre la posibilidad de una votación en un futuro más o menos cercano.

“El proceso está ahí, empieza con lo que es una difícil decisión para el gobierno cubano”, es decir, acatar la Carta Democrática aprobada por todos los miembros de la OEA en 2001, explicó Restrepo.

“Tendrán que tragar con eso”, añadió gráficamente Restrepo.

La jugada de Washington fue desembarazarse de una reliquia del pasado, una resolución con tonos de Guerra Fría, para lanzar la pelota a La Habana en un terreno, el democrático, que es el mismo para todos los 34 países.

Pero La Habana ha dado muestras en el pasado de sacar ventaja de este tipo de retos diplomáticos, recuerda Daniel Erikson, experto sobre Cuba del centro Diálogo Interamericano.

“Esta decisión abre el escenario para la próxima batalla”, considera Erikson.

La perspectiva de una Cuba que critica despiadadamente a Estados Unidos en una mesa de negociaciones para volver de pleno derecho a la OEA, puede ser un tiro que le salga por la culata a Washington.

Ese regreso, además, será acordado por todos los miembros, que deberán decidir cuándo y cómo Cuba cumple con esos requisitos de la OEA, reconoció Clinton.

“Siempre pienso que es posible encontrar un denominador común”, sugirió el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva.

El gobierno de Barack Obama apuesta por fijar las condiciones de ese denominador, pero las exigencias no son las mismas para todos los países miembro.

Sin embargo, para Cuba tampoco es nada fácil pedir esa reintegración.

“No veo a Cuba muy ansiosa, pidiendo las negociaciones”, considera Michael Shifter, otro experto.

Y Estados Unidos cuenta aún con su baza negociadora más importante: el embargo económico, que también lleva casi medio siglo vigente.

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