Quebrada

El Presidente Obama decidió enviar a General Motors al tribunal de quiebras, culminando así un proceso que comenzó el año pasado y que ha conducido a la mayor quiebra manufacturera de la historia económica de Estados Unidos.

El gobierno le inyectará 30,000 millones de dólares, además de 20,000 millones que había contribuido previamente, para rescatar a la empresa. Por consiguiente, con 60 por ciento, el gobierno estadounidense se ha convertido en el principal accionista de la compañía.

Otros participantes en la operación son el gobierno canadiense con 12 por ciento, el sindicato de trabajadores con 17,5 por ciento y los tenedores de bonos con 10 por ciento.

Como consecuencia de la restructuración del mayor productor de automóviles del país, serán cerradas 11 fábricas y 3 serán desactivadas, mientras que 23,000 puestos de trabajo serán eliminados y desparecerá la mitad de las marcas automovilísticas.

El propósito de esta drástica reducción es transformar a la empresa en un productor de automóviles más pequeños y más eficientes.

Por lo menos dos factores contribuyeron a postrar al gigante automovilístico. Un cambio en los patrones de conducción de autos, por el alza del precio de la gasolina, junto a la falta de crédito, resultado de la crisis financiera, causaron una caída de 40 por ciento en las ventas de autos nuevos.

Como lo explicó el director del Consejo Económico Nacional de la Presidencia, Lawrence Summers, la empresa estaba insolvente y no podía cumplir con sus obligaciones, por eso, hubiera sido más costosa una bancarrota “descontrolada.”

Anticipándose a aquellos que han criticado la intervención del gobierno, el Presidente Obama dijo, “nuestra meta es poner a la empresa de pié, adoptar un enfoque de no entrometernos y salirnos rápidamente.”

*Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español TV y radio.

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