Tres preguntas a Iván Navarro, nueva generación de artistas de Latinoamérica

VENECIA (AFP) – Tres preguntas al artista chileno Iván Navarro, emblema de la nueva generación de artistas de América Latina que expone en la 53ª edición de la Bienal de Arte de Venecia que se inaugura el domingo.

P: Usted ha sido escogido para representar a Chile, que por primera vez cuenta con un pabellón propio en Venecia. ¿Se siente el representante del gobierno socialista de Michel Bachelet?

R: “¿Socialista? (…) Mi obra es un golpe a la idea de nacionalidad, sobre todo porque está en un pabellón nacional. Ese es el contrapunto. Para mi generación, nací en 1972 y crecí bajo la dictadura, es importante salir de Chile. La generación precedente está marcada por el aislamiemto impuesto por los militares. Yo vivo en Nueva York desde 1997, tengo un trabajo que no se mueve en un solo país, sino que está interceptado por muchos contextos. El artista trabaja en entremedio de muchas cosas, yo crecí en una situación complicada y toco de alguna manera el tema la violencia.

P:¿Su obra el ‘Corredor de la muerte’, la instalación que trajo a Venecia, es de alguna manera una denuncia de la opresión externa e interna?

R: La obra no habla de la muerte de la persona, se refiere más al espacio físico. Son espacios ficticios, de hoyos interiores, la relación metafísica con la idea de la muerte. Con la instalación ‘Bed’, se está en el “umbral”, al borde del precipicio, del vacío, al inicio de algo ambiguo, pese a que la luz fluorescente es la luz de la creación. Un deseo frustrado.

Investigo la idea de la represión del espacio físico, esa idea de represión está muy conectada con lo que viví mientras crecía.

P: Su obra ‘¿Dónde están?’, expuesta en Chile en el 2008, le valió el premio nacional Altazor y fue muy apreciada también por su mensaje político.

R: Tengo muy poca obra en Chile y tuve que hacer una investigación larga para ese trabajo que proyecta en un cuarto oscuro y como en un crucigrama los nombres de unas 300 personas, quienes no han sido juzgadas por sus crímenes durante la dictadura. La gente tiene que entrar con una linterna, que es como un cuchillo. Fue un trabajo democrático, cada uno debe identificar al opresor para que el espacio no te oprima. Un quiebre. Hay una interacción para lograr sentir físicamente lo que conceptualmente dice la obra.

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