GM ¿Desapareció?

Por Leonardo Boff

Por haber ido a un tribunal de quiebras (aún cuando a uno de los llamados, de quiebras “estructurales”), General Motors (GM) está haciendo historia.  Antes era el titánico Behemot de los negocios norteamericanos que hacía más dinero que ningún otro negocio.
 
En 2006, GM reportó ingresos de $207 billones de dólares — sin embargo las ganancias fueron negativas (-$1.9 billones de dólares.)
 
Como sabemos, hasta el Titánic puede hundirse.
 
Hace tres años, GM era la tercera corporación con más ingresos en los Estados Unidos; pero hoy acaba de ser borrada de los Promedios Industriales de Dow Jones, porque los precios de sus acciones cayeron más abajo de un dólar por acción.
 
Ahora, el gobierno norteamericano está prestando nuevos billones a GM, por un total de casi $50 billones de dólares que vienen de los impuestos, sin ninguna seguridad de que se va a recobrar ese dinero.
 
GM era la fábrica más grande de automóviles de la nación, fabricaba  Chevrolet, Pontiac, Cadillac, Buick, Saab y Saturno. Algunos modelos están siendo descontinuados, mientras otros serán vendidos. También fabricaba el Hummer, un carro deportivo, o SUV, Sport Utility Vehicle, que evidentemente ha sido vendido a una fábrica china.
 
 Críticos en el Congreso norteamericano y en las corporaciones de los medios de comunicación, han dicho que los problemas de GM son producto de sus nóminas de sueldos y de los llamados costos de “herencia,” o dicho en palabras más simples, los beneficios de los trabajadores retirados.
 
Incluso después del desmoronamiento del modelo de los mercados, sigue como preocupación central de las élites políticas y propagandísticas su odio a  los sindicatos. Muchas de esas élites elogiaron el Tratado de Libre Comercio, NAFTA, (del inglés, North American Free Trade Agreement), como “bueno para los negocios” y, en consecuencia, “bueno para los Estados Unidos.”
 
Pero sólo un tonto puede creer que aquellos en las líneas de montaje de las fábricas diseñan o deciden que clase de carros se van a construir o vender.
 
GM sufrió de la miopía de su gerencia, de su adminstración, que no se pudo adaptar a los cambios en las condiciones de los mercados.
 
Hace treinta años, cuando los Estados Unidos confrontaron una crisis del petróleo, carros pequeños empezaron a correr por las pistas. Cuando los precios del petróleo se estabilizaron, las fábricas norteamericanas hicieron flotas de SUV, que se vendieron muy bién a los norteamericanos que querían en sus garages el equivalente civil de un tanque militar.
 
Pero la crisis de la gasolina de 2007 puso fin a esa idea.
 
Los fabricantes norteamericanos de carros no podían regalar esas cosas.
 
Entre tanto, los fabricantes de carros en Corea y Japón, que hacen carros seguros y baratos con buenas garantías y con servicio atento a los clientes norteamericanos, se comieron a GM de almuerzo. Otras compañías asiáticas se están uniendo a ese club. Tata Motors, de la India, que fabrica los carros más baratos del mundo, (el Nano a $2,000 dólares) acaba de adquirir el Jaguar y el Land Rover.
 
El Presidente Obama dijo que GM, “es muy grande para fracasar.” Ese es un juicio político, no económico.
 
En la teoría capitalista clásica, un negocio sobrevive si vende productos y tiene ganancias.
 
Ahora ya estamos más allá de ese punto.
 
La política puede disfrazar el problema, pero no lo puede resolver.

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