Ante pobreza, niños cambian juego por trabajo en Colombia

Por Carlos Augusto Rodríguez

Bogotá.- Un trapo sucio para limpiar las farolas de los automóviles, unas flores resecas por el sol o una caja de dulces son las herramientas de cientos de niños trabajadores que deambulan por las calles de Bogotá.

En medio de los pitos y los evidentes peligros que representan los cruces de automóviles y, a veces, los propios conductores, Milena esgrime una caja de dulces de coco que ofrece a 100 pesos o seis por 500 (menos de 25 centavos de dólar).

Se percibe que el pantalón que usa fue alguna vez de color rosado o lila, pero ahora parece gris por la mugre y los rigores de la contaminación, y que su pelo enmarañado quizá es algo claro como sus ojos verdes.

“Tengo nueve años”, confiesa con algo de timidez ante la grabadora, y asegura que desde hace tres años vende diferentes cosas en los semáforos del norte de la ciudad.

Con un tono serio y algo preocupado Milena sostiene que “trabaja para ayudarle a su mamá a mantener sus tres hermanos”, menores que ella, porque desde hace tiempo su papá las dejó y nunca volvió a saber de él.

“Se fue con una señora y nos dejó solos. Mi mamá trabaja en un restaurante y yo le ayudo con estos dulces o con lo que haiga (sic) para vender o si no hay nada cojo un trapo y le limpio las farolas a los carros y pido monedas”, afirmó.

La situación de Milena se repite en decenas de esquinas por toda la ciudad donde los niños son explotados por los adultos o por la situación agobiante de sus padres que no ganan lo suficiente para mantenerlos.

En ocasiones la situación es tan extrema que produce escalofrío como en el caso de Juan, un chico de 13 años que limpia los parabrisas de los automóviles a cambio de monedas. Juan se recuesta sobre los vidrios para desplazar su limpiador con una gran dificultad porque la mitad de su cuerpo sufre algún tipo de parálisis.

“Nosotros vivimos con mis nueve hermanos en una casa de cartón y latas. Me dijeron que tengo una enfermedad pero no se cuál es, no puedo moverme bien”, dice Juan en medio de sonrisas y con la aparente despreocupación que otorga su edad.

Las calles de Bogotá hacen madurar a miles de niños que golpeados por la pobreza asumen un rol de trabajadores, sin tener la edad para hacerlo y cambiando sus juegos y los sueños infantiles por el rigor de cuidarse a si mismos en el fragor de la ciudad.

Y es que, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un millón 58 mil 819 niños laboran en Colombia, la gran mayoría en condiciones de explotación y sin protección social en salud o educación.

A esta cantidad de niños trabajadores se suman 961 mil 507 menores que desempeñan labores domésticas en jornadas extenuantes, y sin pago por esfuerzos que no les corresponden.

Es una situación dramática que llena de verguenza a la sociedad, que mira con algo de desidia como parte de sus generaciones en formación carecen de oportunidades y parecen condenadas a seguir reproduciendo su propia pobreza.

NOTIMEX/

You must be logged in to post a comment Login