La otra parte del cambio

Es bueno recordar el deseo del cambio de casi el 80% de los salvadoreños, antes de las pasadas elecciones, quienes cansados de las políticas económicas, la pobre inversión social existente y lo mas importante, cansados de la impunidad y de la corrupción, se inspiraron por un cambio profundo y sustancial en los destinos del pueblo salvadoreño.

Si bien es cierto, y se debe ser responsable con esto, de ese porcentaje no todos le apostaban al cambio ofrecido por el partido que gano la contienda electoral, pero si una considerable parte de ellos. Es difícil analizar a que otro tipo de cambio le apostaba una gran parte de la población, quizá para ellos no había una tercera vía o una opción preferencial y obedientes a la campaña del miedo, votaron por Arena.

Las propuestas electorales del FMLN y del actual presidente fueron basadas en el conocimiento de la realidad económica del país en aquel momento, es decir todo mundo, con algunas excepciones – como el presidente Saca- sospechaba que nuestro país andaba mal económicamente, pero nadie auguraba la magnitud de la desastrosa realidad.

Después de vender al mundo un país sin riesgos y sin preocupaciones, un país de renta media, despertamos un 16 de Marzo con un nuevo El Salvador, un nuevo presidente electo que inspiro a un país entero con su brillante discurso, con un fervor cívico y patriótico de que lo mejor estaba por venir, pero también un grupo que se reía de la posibilidad de ese porvenir, el cual comenzó a enseñar los esbozos de un país en ruinas, ¡lapidario!

Sin lugar a dudas, es la primera parte del cambio, haber elegido a un presidente que tiene muchísimas adversidades que afrontar, pero que tiene un pueblo luchador que lo acompañara por la senda fijada de sacar al país del hoyo donde se encuentra. Un partido con una lucha histórica que le da la experiencia necesaria para lidiar con una oposición que se encargara de exigir lo que ellos no pudieron ni quisieron hacer en 20 años.

No hay duda que es la reivindicación y la opción preferencial por los abandonados. El nuevo gobierno no debe de perder de vista los desaciertos y fracasos del sistema neoliberal, para no cometer los mismos errores y apostarle mas a la solidaridad, la inversión social y a una economía social de mercado. Es la oportunidad de oro para demostrarle al pueblo salvadoreño que toda una vida de lucha no fue en vano y que dentro de las filas progresistas, hay personas probas, capaces y honorables para servir al pueblo como lo demandan los verdaderos principios del partido en el poder.

Gracias a las mentiras gubernamentales e institucionales, perdimos la oportunidad de que el cambio comenzara antes de Marzo. Se votó por una asamblea que le dio la oportunidad a la derecha de cerrar filas en contra del pueblo y de pasar a ser una oposición férrea, NO a favor de las libertades como hipócritamente lo pregonan sino en contra de la voluntad popular de ver realizado, el tan ansiado cambio.

Los resultados de las elecciones de diputados: No tenemos un Fiscal General de la republica idóneo, no hay solución en la selección de los magistrados de la corte, no se ve la forma de reformar el código electoral, culpable en parte del impopular nombramiento del presidente de la asamblea, y para variar metiendo piezas de correspondencia para “blindar” a los burócratas que abusaron de sus puestos y que cesaron y amenazaron empleados a su antojo, pero que ahora hay que protegerlos.

¿Tendrán todas estas aspiraciones que ser relegadas hasta una nueva ronda electoral para elegir una nueva asamblea legislativa?

Tendremos que esperar, ahora, tres años mas para consolidar la segunda parte del cambio prometido y este cambio ya no vendrá a medias y con temor, por que será el nuevo pueblo salvadoreño, un pueblo con madurez política, que se encargara de elegir a una clase legislativa y municipal mas seria, responsable pero sobre todo solidaria con las mayorías. En las próximas elecciones legislativas: ¡no nos podemos equivocar!

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