La vista (y los oídos) puestos en la Casa Blanca

Por Maribel Hastings
America’s Voice

WASHINGTON, D.C. – Si no hay nuevas cancelaciones, esta semana se conduciría la reunión migratoria en la Casa Blanca, la primera bipartidista, y muchos esperamos que el encuentro provea una mejor idea de lo que está por venir. Hay que estar pendientes de lo que se diga, lo que no se diga y lo que se pueda leer entre líneas.

El pasado viernes escuchamos al presidente Barack Obama hablar de concretar la reforma migratoria “durante” su presidencia y no en el primer año de su gestión. Su portavoz, Robert Gibbs, declaró que “sabemos que no se tienen los votos” (para la reforma), lo cual refleja que intentan reducir las expectativas en torno al encuentro.
Pero examinemos un poco dónde nos encontramos.

Las redadas siguen en pie, aunque con cambio de enfoque, según el Departamento de Seguridad Interna (DHS); la separación familiar prevalece, al igual que las quejas por las pobres condiciones que enfrentan los inmigrantes en los centros de detención. Hispanos ciudadanos y residentes legales sufren las consecuencias del disfuncional sistema migratorio, y comunidades a través del país también sienten el efecto nefasto de las redadas a diversos niveles.

El DHS reportó que las detenciones de indocumentados en la frontera han llegado a su nivel más bajo desde 1973. Esto me hizo recordar que una semana antes de las elecciones de 2008 entrevisté a Obama (como Corresponsal de La Opinión en Washington en ese momento), y el entonces candidato dijo que la crisis económica había desacelerado la inmigración indocumentada a EE.UU “y quizá eso genere un ambiente que facilite un poco hablarle a la gente de manera razonable sobre lidiar con nuestros problemas fronterizos y tomar medidas severas contra los empleadores que contratan indocumentados, pero al mismo tiempo proveyendo una vía de ciudadanía para la gente que al presente vive en las sombras”.

¿Seguirá pensando igual?

Asimismo, una coalición amplia, diversa y mejor organizada que hace dos años, lanzó la campaña nacional Reforma Migratoria Pro América para cabildear y responder de manera efectiva a la ruidosa oposición que, sumada a la falta de liderazgo en ambos partidos, descarriló la reforma en oportunidades previas.

Es cierto que hay escollos que superar. Aunque los sindicatos han mostrado un frente unido, una parte del sector empresarial no está contento con la propuesta de los sindicatos de que se cree una comisión para determinar la necesidad de los futuros flujos de trabajadores y prefieren un plan de trabajadores temporales.
Diferencias siempre habrán, pero si los fracasos de pasados años sirven de algo, cada sector debe estar dispuesto a hacer concesiones razonables que permitan el avance de un plan y que no provean a los legisladores excusas para justificar su inacción.

De otra parte, sondeo tras sondeo demuestran que la mayoría de los estadounidenses favorecen un plan de legalización adquirida razonable y práctico.

Lo cual va en contra de la postura republicana de oponerse a esa reforma. Hasta el momento han caído en oídos sordos las recomendaciones de algunas voces republicanas para que se emplee el tema de la reforma como mecanismo para enmendar la maltrecha relación de ese partido con los latinos.

Esos hispanos apoyan la reforma abrumadoramente y de la misma forma apoyaron a Obama en las elecciones de noviembre de 2008 con 67% de su voto. También apoyan a los demócratas, aunque un reciente sondeo de Bendixen y Asociados para America’s Voice encontró que confían más en Obama que en los demócratas en el tema de la reforma.

Y con razón porque cuando los demócratas han estado en minoría y fuera de la Casa Blanca, culpan a los republicanos de la inacción, pero cuando han estado en mayoría en el Congreso también culpan a los republicanos por la inacción -particularmente en la Cámara Baja-, donde la mayoría se ha logrado agregando congresistas demócratas de distritos conservadores y moderados reacios al tema.

Muchos legisladores –

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