Bernard Madoff, grandeza y decadencia de un financista estafador

NUEVA YORK (AFP) – De las playa de Long Island donde fue salvavidas, a los salones lujosos de los clubes de golf donde todos querían figurar entre sus amigos, Bernard Madoff, que a los 71 años terminará probablemente sus días en la cárcel, encarna la figura del perfecto estafador.

Si el mundo de las finanzas de Nueva York y Palm Beach (Florida) lo conocía desde hace tiempo, el común de los mortales recién descubrió después de su detención el 11 de diciembre pasado el rostro del timador del siglo, su cabellera gris y ondulada, la mirada azul detrás de finos anteojos y sus labios finos crispados en una ligera sonrisa.

Desde entonces, los semanarios hurgaron en los archivos: “Bernie” fumando habanos, con una gorra de béisbol, en uno de sus cuatro yates o Bernie y su esposa Ruth en una fiesta judía de beneficencia: no había semana en que no salieran nuevos detalles sobre su vida de pachá.

Bernard Madoff, que admitió su culpabilidad de fraude, falso testimonio y robo en una estafa por unos 50 mil millones de dólares, y que durante décadas engañó a clientes del mundo entero –bancos, asociaciones, actores de Hollywood y grandes magnates– es pasible de 150 años de cárcel.

Al día de hoy es el principal acusado en este asunto, junto al contador David Friehling, acusado de haber falsificado sus auditorías.

En un video que circula en internet, Madoff es el invitado en 1998 de un programa sobre inversiones bursátiles. Interrogado sobre los mecanismos y los riesgos, responde con seguridad: “El inversionista no debe preocuparse por el día a día de lo que sucede, debe vivir tranquilo. Soy yo quien se ocupa de la administración cotidiana”.

Bernard Madoff –“Bernie” para sus amigos– supo crear una mezcla imparable de éxito, confianza y misterio.

Ex presidente de la junta directiva del Nasdaq (la bolsa electrónica), comprendió rápidamente lo que la revolución electrónica aportaba a las operaciones bursátiles. Los contratos podían modificarse al infinito en el mundo entero, firmados en unos pocos segundos.

Esa inteligencia estuvo acompañada de lo que muchos llaman su estrategia. “Cultivaba un aura de éxito y secreto en torno a su empresa BMIS (Bernard Madoff Investment Securities), actuaba como un famoso evitando encuentros y rechazaba inversiones por razones descabelladas y pretenciosas”, indicó la institución reguladora de la bolsa (SEC).

La SEC durante mucho tiempo cerró los ojos ante las maniobras de Madoff, que ofrecía a sus clientes intereses excepcionales, pero el estafador nunca invirtió un solo centavo de las fortunas que le confiaban.

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