Michael Jackson, la pedofilia y el transformismo político

Esta semana se difundió la noticia del fallecimiento del ícono pop de los 80 y 90, Michael Jackson, quien —aunque duela decirlo— desde tiempo atrás llevaba una existencia más de muerto que de vivo.

El declive artístico de Michael Jackson había empezado a hacerse visible cuando fue denunciado por primera vez de abusos sexuales a un menor en 1993.

El 21 de agosto de aquel año, la policía de Los Ángeles registró su mansión Neverland para buscar pruebas a raíz de la denuncia de un padre que lo acusaba de haber abusado de su hijo. Esta mansión estaba destinada a traer niños de pocos recursos para pasar allí temporadas y cuando Jackson no estaba de gira, compartía la estancia con los menores. La noticia de que el rey del pop era acusado de pedófilo dio la vuelta al mundo.

Incluso su hermana, La Toya, también lo acusó y crecieron las sospechas, aunque más tarde diría que mintió a instancias de su marido.

Se multiplicaron los testigos que aseguraban haber visto tales actos y desfilaron diferentes versiones sobre sus abusos. Se hablaba de que Jackson dormía en la misma cama con los menores invitados a su mansión. Por ejemplo, una madre declaró que al principio se negó a permitir que su hijo durmiera en la cama del cantante, pero luego cedió cuando la estrella del pop se lo pidió “sollozando y llorando”. Llegó a pasar dos noches con aquel niño.

Lo que podemos sacar en claro de todo esto es que, no caben dudas, los abusadores de menores tienen varias síntomas de enfermedad mental compartidos.

Lo confirma el hecho que muchos de estos trastornos de conducta de Jackson son compartidos por el obispo transformista Fernando Lugo, ahora también acusado de violador. Tanto Jackson como Lugo profesan devoción por la transformación de la fisonomía a través de la cirugía plástica y la tendencia a perpetrar abusos de menores.

Las orgías babilónicas, la obsesión por los menores de edad y la transformación física constituyen signos comunes de ambos personajes, por lo que no estaría demás sugerir un estudio del perfil sicológico partiendo de taras de esa índole.

En base a las dos fotografías que pueden observarse en el sitio web indicado más abajo, puede hacerse una comparación de los cambios entre el obispo con dentadura porcina (kurerai, en guaraní), y el apuesto gentleman que extiende su diestra con suficiencia a su fiel amigo y financista George W. Bush.
http://ataquedigital17.blogspot.com/2009/06/fernando-lugo-y-michael-jackson.html

El transformismo de Lugo fue más allá de lo físico, dado que mientras sus amigos de la prensa mediática vinculada a la SIP y el National Endowment for Democracy insistieron hasta el hartazgo en presentarlo como referente de la “nueva izquierda” latinoamericana, lo más frecuente fue que sus giras incluyeran entrevistas con autoridades norteamericanas, acuerdos represivos con Alvaro Uribe o cálidos encuentros con Felipe Calderón.

En el plano local, le atribuyeron el mérito de derrocar al Partido Colorado, al que de nuevo terminó aliado este fin de semana en el Parlamento.

Otros indicadores del transformismo político de Lugo lo constituyen sus ansiedades por gratificarse con gastos suntuarios, al punto que circulan versiones de que su promesa de “cambio” se cumplió literalmente, pero sólo en lo que respecta al parque automotor de funcionarios del gobierno.
http://ataquedigital17.blogspot.com/2009/06/combate-la-pobreza-en-gobierno-de.html

En Paraguay, como lo definió un pensador contemporáneo, el político es quien busca el poder diciendo que quiere resolver los problemas de los demás y termina resolviendo los propios, tras quitar el dinero a los ricos y el voto a los pobres, a cambio del trabajo de proteger a unos de otros.

You must be logged in to post a comment Login