El hambre y la pobreza: Un mal que debemos combatir

Las estadísticas de la pobreza son alarmantes, según la federación de las naciones unidas para la Agricultura y los Alimentos (FAO) más de mil millones de personas sufre de hambre todos los días y más de 100 millones de nuevos pobres han alargado esta lista en los últimos años.

Lo extraño en el reporte de la FAO es que los países menos afectados por la hambruna son Latinoamérica y el caribe, a pesar de que no ha habido una reducción del hambre y la pobreza en dichas regiones.

La desaceleración económica mundial se ha denotado como la primera causa de estos datos, lo que trae como consecuencia la perdida de empleos y el aumento en los precios de los alimentos.

La falta de acceso a los alimentos es notoria a nivel mundial, pero más que eso, es preocupante que los países en vías de desarrollo no terminan de reactivar el agro en sus campos, lo que conlleva a una inseguridad alimentaría mundial que golpea como siempre a los más vulnerables: los pobres.

Más de tres billones de personas viven en pobreza en el mundo, lo que cabe decir ¡casi la mitad de la población mundial! La mayoría de estos sin acceso a las necesidades básicas. En años anteriores la mortalidad infantil a causa de la pobreza ha sido hasta de 29 mil niños por día.

¿Habré dicho algo nuevo? Quizá no, pero lo que si me interesaría saber es como defender que el actual sistema económico de los países desarrollados y en vías de desarrollo, según burócratas tiene y debe de ser el sistema neoliberal.

A la hora de deducir responsabilidades, ¿a quien culpar por este problema mundial que ya es una crisis humanitaria? ¿Será que los pobres deben responder por sus actos y que caiga sobre ellos esta culpa, con el pretexto que no aprovechan sus oportunidades, que no quieren estudiar, que no se esmeran o que simplemente son haraganes y no quieren trabajar?

Que decir de los ricos, ¿son ellos más responsables, aprovechan las oportunidades, trabajan duro, hacen mejor el rol de enriquecimiento ilícito?; o los gobiernos, ¿tendrán ellos alguna responsabilidad en este problema por no darle fiel cumplimiento a ser dignos representantes del pueblo y de los designios de velar por los más necesitados?

La inclinación más fuerte en la búsqueda de la raíz de los problemas es el papel de los organismos financieros, estos juegan un rol importante en el desarrollo de esta pandemia.

Para ejemplo la ONU declara en 1999 el derecho del ser humano al acceso a los alimentos para una vida sana y activa, pero la Organización Mundial del Comercio no permite la soberanía alimentaria, que a la vez no da lugar que las poblaciones puedan implantar los sistemas agrícolas que mas les conviene a sus necesidades.  

Entonces, ¿sirven sus financiamientos para el desarrollo de los pueblos? o por el contrario, ¿sirven para fomentar y ampliar la brecha entre los ricos y pobres, contribuyendo así a profundizar la crisis humanitaria de la pobreza? ¿Será cierto entonces que dicho monstruos financieros buscan heredar en nuestros países una deuda que por años hemos sabido y calificado como inmoral e impagable?

Diríamos que es una combinación de todas las causas, malas políticas gubernamentales, falta de responsabilidades individuales, explotación de parte de empresarios y trafico de influencias, corrupción de alto nivel, consumismo, pero sobre todo las malévolas intenciones de la doctrina neoliberal y capitalista de explotar al máximo las condiciones humanas para su propio beneficio, el pensar que al incrementarse las riquezas, se beneficia al pobre, por rebalse.  

La relación es inversamente proporcional para los pobres y directamente proporcional para los ricos, es decir, a más pobreza menos acceso a los alimentos, a la salud y a la educación incluso a la vida misma. A más riqueza, más acceso a los servicios básicos e incluso mejores accesos a servicios innecesarios que podrían aliviar la condición de muchos pobres.

La lucha contra el hambre y la pobreza debe ser frontal de parte

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