De golpes de estado y necios perseverantes

Por Salvador Sanabria*

‘’Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él” (Marco Tulio Cicerón).

En la Roma de Cicerón transcurría el año 63 A.C., cuando el ex propretor de Africa, Lucio Sergio Catilina, había retornado desprestigiado a las riveras del Tiberio.

El hábil patricio, rápidamente con la ayuda de ricos, patricios desposeídos como él , políticos profesionales, militares y de seguro con más de un escriba y varios conciliares a sueldo, se presentó junto a Cayo Antonio Híbrida en las elecciones desafiando a Cicerón.

Catilina, derrotado por Cicerón, urge junto a un minúsculo grupo de conspiradores y respaldado por jueces corruptos la traición de Etruria.

El objetivo, asesinar a Cicerón y hacerse del poder total. La fortuna de parte de Cicerón puso fin a la insidia con la muerte de Catilina en Pistoria a manos de las tropas leales a la república.

La asonada golpista del día sábado 28 de junio de 2009 en Tegucigalpa deja algunas lecciones básicas de cómo practicar los menesteres del “poder moderno” en tiempos de democracia en el trópico centroamericano, del cual no salieron vivos ni el valiente Lempira ni el unionista Francisco Morazán.

Nuestras naciones centroamericanas han sido desnudadas en las últimas semanas, como países vulnerables a poderes facticos, por su institucionalidad frágil y los poderes de mafias que impunemente tuercen las muñecas de las instituciones del estado para imponerle a la gran mayoría de los ciudadanos sus sucios y “elegantes intereses”.

El llamado los gobernantes de América sin importar sus vericuetos ideológicos, pero que pregonan principios y valores democráticos, es inequívoco, solo les queda una opción: Invocar La Carta Democrática Interamericana de la OEA.

Lo anterior para que eficazmente se revierta la emboscada de los sátrapas y mojigatos manipulados por los hilos de la oligarquía hondureña, que al igual que la guatemalteca y salvadoreña compiten por quién de ellos y su estirpe se llevan el premio a la exclusión y la explotación en la región mancillada por siglos.

La Carta Democrática es clara en su numeral romano cuarto de Fortalecimiento y Preservación de la Institucionalidad Democrática y articulo 20 reza : “ En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático, cualquier Estado Miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime conveniente.

El Consejo Permanente, según la situación, podrá disponer la realización de las gestiones que estime conveniente. El Consejo Permanente, según la situación, podrá disponer de las gestiones diplomáticas necesarias, incluidos los buenos oficios, para promover la normalización de la institucionalidad democrática”.

Todo lo anterior con el único objetivo de restituir al Presidente Constitucional de la República de Honduras, Manuel Zelaya Rosales en el poder.

Hoy mi reflexión se decanta hacia mi terruño, El Salvador en donde han transcurrido 28 días desde que el Presidente Constitucional de la República Don Carlos Mauricio Funes Cartagena, haya sido juramentado en su cargo.

Sin embargo a casi un mes de la instalación de su gabinete de gobierno las representaciones consulares y diplomáticas alrededor del mundo siguen bajo la responsabilidad de personas del régimen anterior o acéfalas, para citar dos casos concretos, esa es la realidad de las misiones ante los Estados Unidos de América y la Organización de Estados Americanos.

En la actual coyuntura regional nuestro país no se puede arriesgar a enviar los mensajes diplomáticos equivocados o que por omisión deliberada, representantes diplomáticos con prácticas antidemocráticas probadas, sean los que representen el interés del país, cuando los lobos de ignominia acechan.

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