Honduras: La continuidad de la extrema derecha en América

No es intención del autor dar una posición o inmiscuirse en asuntos internos del hermano país Honduras, pero es de suma importancia analizar la situación de crisis institucional que el hermano pueblo enfrenta.

Lo que está sucediendo en Honduras es la continuación de lo que ha sucedido en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Guatemala; es decir el intento de desestabilización de los gobiernos de izquierda comandados por un plan orquestado de la derecha internacional y de la oligarquía que ha mantenido engañados y oprimidos a los pueblos de América.

Ya en 1963 se dio un acto similar en República Dominicana y luego a unos días en la república bananera de Honduras, el pretexto del golpe de estado, el mismo de estos días, “la lucha en contra del comunismo”. Décadas después de estos sucesos, el pretexto ideológico sigue siendo explotado por la derecha internacional representando a los que quieren un poder elitista concentrado en pocas manos.

Lo mismo ocurrió en Chile durante la presidencia de Salvador Allende, líder indiscutible de la liberación de la opresión del pueblo chileno. Este, un claro ejemplo del cual debimos aprender, la forma de actuar de la derecha extrema y de la capacidad que tienen de llegar hasta las últimas consecuencias para lograr mantener el poder y la hegemonía.

Lo sucedido en Honduras está claro, un golpe de estado MILITAR que viola el derecho institucional, constitucional y democrático de todos los pueblos. Dicha sentencia está también en la carta democrática interamericana de los pueblos en la OEA. Este organismo no se pronunció de la forma en que debía para evitar dicho atentado contra la democracia del país hermano. La voz de la OEA antes del golpe fue tenue y dudosa al referirse a la sospecha de un  golpe de Estado en Honduras.

Es urgente que los pueblos democráticos del mundo, los presidentes, las organizaciones sociales, hablen en tono firme y decidido a que se respete la voluntad de los pueblos y que en ningún momento se vuelva al pasado, de no hacerlo y legitimar este golpe de estado daría lugar a un retroceso democrático inminente en Centro América y en el resto del continente.

La ONU y la OEA no deben de actuar a medias y con paños tibios ante esta situación, es hora que demuestren que representan el respeto a las soberanías de los pueblos, a su institucionalidad, pero sobre todo a la protección del contexto democrático de los pueblos de América. Nosotros, el pueblo debemos reforzar y blindar nuestras instituciones que dan el estatus de fragilidad a nuestras tiernas democracias.

Debe de agotarse ante todo, las vías diplomáticas para restituir a los presidentes elegidos democráticamente que sufren estos bárbaros atentados y violaciones a los derechos humanos. De fallar este intento, no queda más que el derecho de insurrección popular en una forma pacífica, tomando como arma única, el voto que elige a sus mandatarios a ocupar la máxima magistratura del estado.

Hago eco de las palabras del embajador de Argentina ante la OEA, para que se aplique en estos casos de barbarie antidemocrática: “La OEA debe sin titubear exigir al menos tres cosas ante esta situación:

Condenar enérgica y firmemente el golpe de Estado en Honduras
La reinstalación inmediata del presidente a la máxima magistratura de la republica, para lo que fue elegido democráticamente.

Dar un ultimátum para el cumplimiento de dicha resolución basada en la carta democrática interamericana de la OEA
 
Es momento de acciones y no de palabras, repudiar la violencia, venga de donde venga, no caer en la trampa del fantasma del comunismo que sigue siendo el opio que usa la derecha extrema internacional para desestabilizar los gobiernos de izquierda elegidos democráticamente.

Como experiencia, El Salvador, debe de estar atento y ser vigilante de nuestro proceso democrático, especial atención a los señores fascistas que promueven el fantasma del comunismo, pero que esconden la ambición,

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