Advierten analistas vacío institucional en golpe de Honduras

La violenta destitución del presidente de Honduras Manuel Zelaya evidenció no sólo los riesgos de la democracia sino el vacío institucional en muchos países para enfrentar crisis políticas internas, dijeron analistas.

Si bien la destitución de Zelaya fue condenada en forma unánime por la comunidad hemisférica en cuestión de horas, en rara unidad pocas veces vista frente a estos hechos, para algunos el trasfondo de la crisis parece haber sido pasado por alto.

En particular se elude el hecho de que la situación en Honduras derivó de una crisis en ebullición alimentada en gran medida por la actitud obstinada y la cerrazón de Zelaya frene a otros poderes, como el judicial y el político, consideró Juan Carlos Hidalgo.

“El rompimiento del orden institucional lo estaba alimentando Zelaya”, dijo Juan Carlos Hidalgo, Coordinador del Proyecto de Latinoamérica del libertario Instituto Cato.

Hidalgo mencionó la obstinación de Zelaya para conducir una consulta popular con el último fin de promover una reforma constitucional que permitiera insertar la figura de la reelección, pese a que la acción había sido declarada ilegal por la Corte Suprema de Justicia.

El choque se violentó a partir del hecho de que la Constitución hondureña establece esta figura como una de las cuatro “normas pétreas”, es decir, que no puede haber cambios al respecto.

“No es un escenario que agrade, pero Zelaya estaba decididamente violando la Constitución de Honduras y él es el único responsable de lo que pasó ayer”, dijo Hidalgo.

Tanto la actuación del ahora depuesto mandatario como el enfrentamiento político quedaron relegados a meras referencias periféricas durante la Asamblea Extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA.

El organismo aprobó una resolución condenatoria del golpe, demandando la reinstalación de Zelaya.

Para José Raúl Perales, analista del Centro de Estudios Woodrow Wilson la asonada fue el desenlace de una crisis que se venía dando desde hace tiempo, que evidencia a su vez un importante vacío.

“Una de las preguntas aquí fue ¿qué pasó con la institucionalidad política que fue incapaz de sanar las diferencias políticas?”, cuestionó.

Perales dijo que los hechos del domingo demostraron claramente que existe un déficit en la habilidad de las instituciones para resolver crisis como estas por medios pacíficos.

“El golpe es el síntoma, no la enfermedad”, precisó.

Jack Dlizerd, un analista para Latinoamérica con la organización Freedom House, coincidió que la crisis en Honduras ha evidenciado la debilidad constitucional que existe en algunos países en este sentido.

“Lo que pasó ha dejado en evidencia la ambiguedad que existe en muchas constituciones de no prevenir remedios pacíficos para crisis como ésta”, dijo.

Por ello, añadió, más allá de las implicaciones que el golpe puede tener, calificó los hechos del domingo como “un recordatorio útil” sobre la necesidad de fortalecer la actuación constitucional frente a situaciones que puedan llevar a situaciones que se creían superadas.

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