¿Se respeta la constitución salvadoreña, o agoniza?

Por Wilfredo Mármol Amaya

“Cuando veas a tu vecino su barba cortar, pon la tuya a remojar”, reza el dicho popular. Es que a decir verdad, el deterioro de la institucionalidad en El Salvador, es cada vez más evidente, que pone a pensar hasta al más humilde ciudadano, que la hora de repensar el país ha llegado, si es que queremos evitar un segunda raung de la guerra que nos cubrió los últimos 50 años y con mayor contundencia el periodo de 1980 al 1992.

La frustración es la partera de la violencia y la agresión, sostienen algunos teóricos, como Albert Bandura, representante del aprendizaje social y del comportamiento vicario.

La actual crisis salvadoreña, impulsada por el desgobierno, la corrupción y la impunidad de los partidos de derecha, ponen en entre dicho el actual estado de cosas. Ha llegado el momento de pensar como estamos viviendo, o terminaremos viviendo como pensamos.

Los componentes de la profunda crisis en El Salvador de hoy, tocan su fondo, en los aspectos que atentan contra una Constitución de la República agonizante, y se evidencia en lo siguiente:

Una Asamblea Legislativa que perdió la brújula, e integrada por partidos políticos cuya existencia está cuestionada, es decir, que la fórmula de los 43 votos ha llegado a las orillas del descrédito y la promiscuidad. No es posible seguir vitalizando el país con actores que legalmente dejaron de existir, y que solo el mercantilismo a ultranza los tiene con vida legal, pero que dejaron de ser legítimos frente a la ciudadanía.

Un TSE viciado, con representantes ilegítimos. ¿Qué depara a este organismo en los próximos meses, si sus miembros no son representativos? Es indudable que algunos partidos políticos tradicionales, dejaron de ser expresión creíble, y a partir de lo que dicta la Constitución, no debe continuar más en ese organismo.

Las plazas fantasmas, en el ISSS, CNR son solo la punta del isberg. Las posiciones ambivalentes e incoherentes del sr. Cristiani Burcard, sobre este punto, reflejan el pretender tapar el sol con un dedo.

La no elección de los Magistrados y Magistradas, son indicios que la cuerda ha llegado a sus últimos peldaños. No da más, está a punto de reventarse. ¿Es viable una conformación de una Sala de lo Constitucional de manera inconstitucional, es decir, con 43 votos?

¿La moneda de curso legal, permite la ejecución de una política económica? ¿Responde la Ley de Integración económica, o es solo una pantomima que raya con lo legal y constitucional?
La no elección del Fiscal General de la Republica son síntomas, una vez más, de un desorden en el que los intereses de los sectores dominantes y hegemónicos muestran sus cartas escondidas.

Hoy por hoy, la Constitución de la República es solo un objeto a conveniencia para la clase social, que en el pasado, sumió y defalco al país a niveles inverosímiles de injusticia social, económica y política.

El problema de la inseguridad ciudadana tiene sus raíces en estos señalamientos, y la pregunta del millón y del sentido común, sigue siendo ¿Hay intereses reales por encauzar al país por nuevos derroteros?

Por los vientos que soplan, da la impresión que no. Casi se puede fundamentar, que existen intereses en que la situación salvadoreña vaya de mal en peor. ARENA, PDC Y PCN, no pueden ocultar el sol atrás de un dedo.

Por el futuro de los jóvenes, de las niñas y los niños, es necesario escuchar los lamentos que llegan hasta el cielo de este sufrido pueblo, como lo dijo Monseñor Romero, que aun tiene esperanza.

El nuevo gobierno del Ejecutivo ha iniciado con buen pie, pero es conveniente que las derechas recalcitrantes pongan las barbas en remojo; el ejemplo del pueblo Hondureño habla por si mismo.

Un El Salvador diferente, aun es posible, comencemos respetando la Constitución desde arriba y ya veremos como el pueblo salvadoreño se lanza, decididamente a imitar dicho ejemplo, que hasta este momento le ha sido negado.

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