Sobrevuelo de alas negras y tempestad en aguas infestadas de tiburones

El poeta japonés del siglo XVII Matsuo Basho escribió que la tempestad sopla el rostro de alguien empapado, y es precisamente lo que sucede en Honduras, donde la historia llueve sobre mojado.

En 1905 tropas militares invadieron Honduras por primera vez, algo que se volvería costumbre y se repetería cinco veces en veinte años. Apenas habían transcurrido dos años desde que apoyaran con una flota la rebelión de Panamá, con el propósito de amputar el territorio a Colombia y tomar el territorio para su canal.

Apenas habían pasado tres años desde que insertaran la Enmienda Platt, que les daba el derecho de intervenir en Cuba cuando lo creyeran conveniente, cuando en 1906 los marines ocuparon Cuba por dos años, con el pretexto de “prevenir” una guerra civil, cuando aún no existía “amenaza soviética” alguna.

Al año siguiente(1907) se produjo la segunda invasión norteamericana a Honduras, para librar desde allí con mayor comodidad una guerra contra Nicaragua. En 1908 intervienen en Panamá, hecho que repetirán cuatro veces en los siguientes diez años.

La influencia de Zelaya sobre el presidente hondureño Miguel Dávila había molestado a Washington, por lo que este último acabaría de igual manera. Lo derrocaría Manuel Bonilla, con la imprescindible ayuda del magnate estadounidense Sam Zemurray y del mercenario Lee Christmas, quien acabaría como comanadante en jefe del ejército hondureño.

En 1909 un presidente liberal de Nicaragua, José Santos Zelaya, había osado pretender que mineras y bananeras estadounidenses paguen impuestos, siendo obligado por Estados Unidos a renunciar. En su reemplazo asumió la presidencia el tesorero de una empresa minera estadounidense, Adolfo Díaz.

¿Historias viejas?

En la madrugada del 28 de junio la tempestad mojó los rostros empapados: El presidente constitucional Manuel Zelaya fue sacado a empellones de la residencia presidencial y depositado aún vestido con pijama en Costa Rica.

Roberto Micheletti asumió como mandatario interino de Honduras.

Cuervos sobrevolando aguas turbulentas

El Parlamento paraguayo, ante las ambiguas declaraciones del presidente norteamericano Barack Obama, decidió posponer una declaración repudiando el golpe militar sufrido por Manuel Zelaya en Honduras esta semana.

Entre los opositores a la declaración de repudio estuvieron muchos de los partidarios del obispo Fernando Lugo, sobre todo del Partido Liberal.

El senador Alfredo Jaeggli, del oficialista Partido Liberal, había expresado a la radioemisora oficialista Radio Ñandutí que estaba muy de acuerdo con el golpe que expulsó del poder al presidente hondureño.

Jaeggli fue uno de los aliados de Fernando Lugo en la última votación del Congreso, donde se unió a los izquierdistas y colorados para llevar a la presidencia del Parlamento a Miguel Carrizoza. Durante la campaña de Fernando Lugo, trabajó intensamente impulsando su candidatura en el interior del país.

Un conocido analista paraguayo, Alberto Vargas Peña, opinó que Manuel Zelaya debe regresar a Honduras, pero no para ser repuesto en el cargo, sino para ser arrojado a los tiburones. Vargas Peña es uno de los principales editorialistas de la capital paraguaya, afiliado al Partido Liberal.

El analista apoyó la campaña del obispo Fernando Lugo desde sus artículos y editoriales, aprobando la inserción del Partido Liberal en la Alianza Patriótica para el cambio.

Estos pintorescos posicionamientos dan una idea de lo mucho que “la izquierda” se hizo con el poder en Paraguay, el 20 de abril del año pasado.

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