Extremas retrógradas

En Tegucigalpa se realiza la batalla ideológica más importante del nuevo siglo. Por un lado las fuerzas extremas de la histórica derecha oligarca en franca manipulación de la democracia utilizan al ejército para proteger sus intereses económicos y clasistas con la formidable excusa de enfrentar a las fuerzas extremas del socialismo del siglo XXI.
 
Como respuesta, las fuerzas extremas de una izquierda expansionista e intervensionista fecundada por los dictadores Fidel y Raúl Castro, y ejecutada por su primogénito político Hugo Chávez, aprovechan el atropello institucional de los golpistas hondureños para manipular a la Organización de los Estados Americanos y fortalecer su hipocresía política, al pedir la restitución de la democracia en un país adonde desean implementar una dictadura socialista.  
 
Entre esta lucha de idiotas, la victima es el pueblo hondureño, el cual ya derramó sus primeros torrentes de sangre en las calles, observa impotente como sus libertades son restringidas y siente el desvanecimiento de la esperanza de un futuro brillante.
 
El golpe de estado es inaceptable y la comunidad internacional ha reaccionado impecable en condenar el hecho, sin embargo, la abrumadora mayoría del pueblo hondureño, incluyendo a su diáspora, respaldan este hecho. ¿Por qué? Porque existe un rechazo absoluto al servilismo de Mel Zelaya a Hugo Chávez y al socialismo del siglo XXI.
 
El nuevo gobierno liderado por la oligarquía hondureña, exitosamente ha explotado el rechazo de la población a Hugo Chávez, para afirmar que la destitución de Zelaya, no fue un golpe de estado, sino un acto constitucional y apegado a la ley hondureña, para defender la democracia del abuso presidencial promovido por el intervensionismo del ALBA.
 
La dedicación de Miguel Insulza, para reinstituir al Presidente Zelaya, es encomiable, sin embargo, su recomendación de expulsión de Honduras de la OEA fue extrema.

Debió tomar en cuenta que, Manuel Zelaya abusó su poder como presidente para llevar a cabo un acto declarado ilegal por la Corte Suprema de Justicia de Honduras, y así, originar este conflicto, además que, la inmensa mayoría de los sectores empresariales, políticos, religiosos, laborales y estudiantiles, no desean que el presidente Zelaya regrese a Honduras.
 
La diplomacia de la OEA debió ser más extensa, sobretodo, cuando la determinación de aceptar a un estado comunista y antidemocrático como Cuba en el organismo hace unas semanas, crea un predicamento, al compararlo con las acciones políticas en Honduras.
 
Debe considerarse seriamente que, Honduras no esta bajo el control de un general o coronel o comandante, como fue el caso de los golpes de estado del siglo pasado, y el presidente de facto, desde el primer momento que asumió la Presidencia de la República, ha manifestado entregar el poder en elecciones libres.
 
La soberanía hondureña y la voluntad de la mayoría del pueblo deben ser respetadas, en esta oportunidad, el pueblo hondureño no desea a Mel Zelaya para que les gobierne un día más. La comunidad internacional tampoco aceptará al gobierno de Micheletti, así que, la ejecución de elecciones democráticas es la salida lógica a esta crisis política.  
 
La decisión de expulsar a Honduras de la OEA y las repercusiones económicas que conlleva, hacen que esta acción política agudice la crisis económica, no solo de Honduras, sino de la región, la cual perjudicará a los más pobres, como siempre.

Por lo que, las fuerzas sociales, empresariales y políticas de Honduras, deben exigir al gobierno de facto, hacer una convocatoria a elecciones presidenciales de manera inmediata y entregar el poder de manera genuina y legitima, por medio de elecciones libres con observación internacional.
 
La izquierda extrema y retrograda ha sido derrotada en Honduras por la derecha extrema y retrograda. El pueblo hondureño debe comprender que no pueden continuar otorgándole el

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