Sanfermines: la tragedia de este año no quita brillo al encierro

PAMPLONA, España (AFP) – “El encierro es el motor de San Fermín” y sin él la fiesta “moriría”, dijo el veterano corredor Julen Madina, con quien coinciden voces que, tras la muerte de un joven este año y varias cornadas graves, siguen defendiendo la carrera, aunque quieren mostrar que no se trata de un juego.

La muerte el viernes de Daniel Jimeno, de 27 años, por una cornada en el cuello, ha provocado que a las tradicionales protestas de los grupos defensores de los animales y los antitaurinos se sumen a las medidas de seguridad en los encierros de Pamplona (norte de España) durante las fiestas de San Fermín, que se celebran del 6 al 14 de julio.

Pero autoridades y corredores insisten en que es uno de los más seguros, si no el que más, de España.

Y aunque alertan sobre su peligrosidad, para ellos no mayor que la de otros deportes o actividades, descartan su desaparición.

El encierro “está desde hace muchísimos años totalmente controlado. Hay 800 personas que trabajan para el desarrollo del encierro”, asegura a la AFP el veterano Miguel Angel Eguíluz.

“La seguridad es impresionante tanto a nivel de medios humanos como de estructura organizativa: a ese nivel es perfecto”, corrobora a la AFP Madina, de 54 años y 39 corriendo encierros.

Pero “no cabe duda de que por muchas medidas de seguridad que se pongan, los toros son animales y pueden hacer que una persona pierda la vida”, advierte la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, de Unión del Pueblo Navarro (UPN, conservador).

Barcina desgrana las medidas tomadas en los últimos años: “Se ha mejorado el vallado, los pastores, la seguridad que introducen los policías a la hora de no dejar que entren personas en el recorrido del encierro con cámaras fotográficas para filmar, o cuando se nota que una persona ha bebido mucho durante la noche”.

Incluso el ayuntamiento puso antideslizantes en el pavimento para evitar que los toros resbalen y caigan en las curvas y “por supuesto seguiremos trabajando en la misma línea para introducir cuantas medidas de seguridad parezcan oportunas”, asegura a la AFP.

Pero “no cabe duda de que no se entenderían los Sanfermines sin encierros, pues forman parte de nuestra fiesta y nuestra tradición”, sostiene.

Si para terminar con el peligro hubiera que prohibir los encierros, “entonces no habría que dejar a nadie escalar un ochomil, no dejar a nadie correr una carrera de motos, habría que quitar el Tour de Francia por si se cae un corredor y se abre la cabeza y se mata”, compara Eguíluz, de 54 años y 38 corriendo.

Los encierros, donde han muerto 16 personas desde 1911, son “una tradición secular que reporta” un número de víctimas “ridículo comparado con otras cosas”, insiste.

Este año, a las sobrecogedoras imágenes de la cornada de Jimeno se sumaron otras casos graves, sobre todo el de un corredor con el que un toro se ensañó unos 30 segundos.

El impacto de la televisión es lo que llevó a la “masificación” de los encierros en los años 80, y en los 90 aumentó el número de corredores que quieren “que se les vea” en la pantalla.

La solución a esta masificación sería no retransmitirlo, según Eguíluz, quien no cree “que los encierros hayan sido más peligrosos este año”.

Lo que pasó es que “el número de cornadas se ha sobredimensionado por la muerte de este chaval”.

Otra más extendida entre los corredores veteranos es dejar correr sólo a quienes van vestidos de blanco, “un filtro que evitaría que la gente improvisara”.

Esto haría que “mucha gente que se quiere distinguir en el encierro con distintos colorines (en sus jerséis), no corriera”, según Madina, que en 2005 fue corneado cinco veces por un toro.

Y a los defensores de los animales, Eguíluz les dice que “el encierro de Pamplona es quizá el acto en que más respeto se le tenga al toro” (…) “la corrida de toros es otra cosa…”

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