La izquierda dormida sí puede ser vencida

Por Joyce Lemus

Honduras es la prueba piloto de las derechas latinoamericanas, impulsadas por Estados Unidos, para recuperar el terreno perdido en la última década. Esta no es una hipótesis, sino una afirmación basada en los últimos acontecimientos.

Más allá de los discursos, las Constituciones, democracias y estados de derecho, los países de Latinoamérica son para las derechas, lo que la Biblia católica y la salvación cristiana es para los fariseos: sencillamente nada.

Los fariseos en su calidad de sumos sacerdotes de su dios, por un lado aleccionan al pueblo en cómo agradarle a ese su dios, condenando al infierno eterno al no alineado. Por el otro lado, pregonan la libertad de un reconocido ladrón (barrabás) para que en su lugar, latiguen y crucifiquen al verdadero “Hijo de Dios” (Jesucristo).

De la misma manera, las derechas radicadas en cada uno de los países de Latinoamérica son espermas que fecundan los intereses propios del pueblo patrón: Estados Unidos. El gobierno de los Estados Unidos se dice paladín de la democracia, constitucionalista y respetuoso del estado de derecho, pero en la menor oportunidad aprovecha para asesinar, robar y someter a otros pueblos.

La historia no se equivoca. Basta volver unas cuántas páginas para recordar de cómo la tierra del “Tío Sam” fue apoderándose de América latina hasta convertirnos en su “patio trasero”. Tierras ricas en recursos (oro, plata, cobre, hierro, gas, bronce, petróleo, cultivos, bananeras, etc.) y mano de obra barata que explotar, para que los estadounidenses realicen su “sueño americano”.

El sueño americano se construye del hambre y sometimiento de los pueblos latinoamericanos. Nuestras tierras y nuestras gentes son mercancía barata para que los grandes señores feudales de los Estados Unidos mantengan su estilo de vida.

El tío Sam se toma la tarea de reclutar nacionales de cada país latinoamericano y se preocupa porque sea un grupo bastante reducido, con el ánimo de enseñarles el monopolio de la exclusividad de clase para que se sientan atraídos y congratulados por la bendición del sistema. Estos nacionales a su vez, escogen a sus hacelotodo, una especie de personas que están al servicio de los “congratulados” y dirigen sus energías para cumplir al pie de la letra la voluntad de sus patrones. Los hacelotodo son necesariamente políticos, y conforman la “derecha”.

La escogitación tiene sus enormes beneficios pero también responsabilidades. Entre sus beneficios figura el bienestar material con extravagancias de vida y paquete de impunidad. Sin embargo, las responsabilidades son serias, deben alimentar a la bestia cueste lo que cueste.

Así por ejemplo, si la bestia tiene sed de sangre para vender armas y otros insumos relacionados con las guerras, el hacelotodo deberá ofrendar cuantas vidas humanas sean necesarias. Total, solo son peones los que mueren para aportar bonanza económica en los bolsillos del hacelotodo, mientras favorecen los intereses gringos.

En la última década el imperio norteamericano ha vivido el “alzamiento” de los pueblos. Los peones están alborotados y eso les ha significado la pérdida de la hegemonía en el patio trasero, lo que a su vez profundize otros fenómenos como la crisis financiera. Ahora no es tan fácil saquear a los pueblos indígenas.Los congratulados y los hacelotodo también han resentido la crisis de sus señores siervos.

Su extravagante vida y de sus generaciones venideras está siendo amenazada e incluso “secuestrada” por los que llaman “terroristas de izquierda”. Los “terroristas de izquierda” son aquellos que luchan por un mejor trato a sus connacionales, y que no están dispuestos a seguir siendo pisoteados por el grupo de expertenjos que los feudales han impuestos para que les hagan los favores.

La izquierda ha recuperado valioso terreno. Ha pateado algunos traseros y en el nombre del pueblo está en el camino de posicionarse de una vez por todas de lo que pertenece al pueblo. La lucha es larga, los

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