Derecho a réplica: “Vargas Llosa y el golpe”

Por Roberto Quesada

Si hay alguien que respeto, y temo, por saber de golpes, dados y recibidos, es a Mario Vargas Llosa. Por lo mismo, allá en el teatro Repertorio Español (de Nueva York), tuve la cautela, una vez terminó su presentación sobre La fiesta del chivo, ya que estuve siempre al lado de su Patricia, de no acercármele mucho por si repetía su reconocida escena de propinarle, sin aviso, tremendo golpetazo a Gabriel García Márquez. Ese fue un golpe, casi de Estado, ¿o en Estado?

De hecho, allí lo entrevisté y luego escribí un artículo sobre su llegada a nuestro país, Honduras, a recibir un Honoris Causa. Claro, clarísimo que tuve protestas de escritores latinoamericanos de mi generación porque arguyeron que me extralimité en mi apreciación de Vargas Llosa. Por supuesto, mi respuesta fue la única: escribí sobre el Vargas Llosa novelista, no sobre el político. Y es verdad, hoy por hoy estoy escribiendo sobre el segundo.

Luego de que se asestara el golpe de Estado en Honduras, he estado pendiente de qué se le ocurriría decir a Vargas Llosa (y no crean, practiqué con mis palillos orientales cual Fujimori en contienda electorera, éste, el de Fujimori, fue el golpe que recibió), pues cuando se suceden este tipo de acontecimientos es hasta predecible lo que dirá el amigo Mario. Es de perdonarme que hasta ahora sepa del artículo de Vargas Llosa, pues como escritor, diplomático y, sobre todo, hondureño, he estado trabajando a contragolpe.

Para mi sorpresa, y la de muchos, Mario Vargas Llosa comienza su artículo titulado El golpe de las burlas (El País 12/07/2009), así:

“Despertar a un presidente constitucionalmente elegido a punta de bayonetas y enviarlo al exilio sin darle tiempo siquiera a cambiarse el pijama, como hicieron los militares hondureños con Manuel Zelaya hace dos semanas, es un acto de barbarie política y resulta justa la enérgica condena que este atropello ha merecido de Naciones Unidas, la OEA y de la mayoría de naciones del mundo entero”.

Por supuesto, nadie –sensato– va a pensar que Vargas Llosa seguirá por ese rumbo sino que buscará el tragaluz por donde si no justifica por lo menos insinúa que algo del golpe pudo tener razón… de ser, y dice: “Mel Zelaya, quien, en violación flagrante de la Constitución que había jurado respetar, se disponía a llevar a cabo un referéndum para hacerse reelegir, una pretensión que fue condenada por la Corte Suprema y la Fiscalía de la Nación, y por la que el Congreso hondureño había iniciado un proceso para destituirlo como jefe del Estado”.

No entiendo cómo un escritor de la talla de Vargas Llosa, eterno aspirante al Premio Nobel, puede caer a medio párrafo, en ridícula contradicción, por un lado asegura: “Mel Zelaya, quien, en violación flagrante de la Constitución que había jurado respetar…”. Y adelantito remata: “…se disponía a llevar a cabo un referéndum”. ¿Cómo es posible que alguien cometa una ‘flagrante violación’ cuando en realidad solamente se ‘disponía’? Es aterradoramente gracioso. De aquí lo único positivo que resulta es un consejo contundente a escritores y aspirantes: Nunca escriban con prisa, tómense su tiempo para que el cerebro trabaje. No obstante que ya casi los llamen de Estocolmo.

No tenía que leerlo para saberlo, donde Mario quería llegar era a la posibilidad, porque siempre que la tiene no la desperdicia, de arremeter contra su archienemigo, Presidente Constitucional Hugo Chávez. Y es que en realidad no es que él sea tan enemigo de Hugo Chávez sino de Fidel Castro, pero como nunca pudo con Fidel, al igual que cualquier recalcitrante cubanito exiliado de Miami, busca el desquite con cualquier amigo o relación cercana que le huela a Castro. Y, claro, tenía que aparecer: “Manuel Zelaya era la última conquista del caudillo venezolano. Lo había sobornado, al igual que a sus otros vasallos (el paréntesis es mío, vasallos es un neologismo con el que se editan las palabras Vargas Llosa: Vasallos) latinoamericanos, vendiéndole el petróleo de su país a precio de ganga y

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