“Respeto” y “curiosidad” propone Barenboim a israelíes y árabes

PILAS, España (AFP) – “Respeto” y “curiosidad” a los argumentos de los demás son la base de la convivencia que propone el director de orquesta israelo-palestino Daniel Barenboim a los miembros de la West-Eastern Divan, que congrega a músicos árabes e israelíes.

“Nuestra orquesta no tiene una opinión política común; esta orquesta tiene 10.000 opiniones políticas”, explica en entrevista a la AFP Barenboim en la residencia de la localidad de Pilas (sur de España) donde 103 músicos ensayan antes de una gira europea para conmemorar su décimo aniversario.

“Esto es un proyecto donde todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión, y no se espera que nadie se convenza con los argumentos del otro, pero sí que tengan la curiosidad de buscar la lógica en el argumento del otro”, ahonda el director de orquesta, que creó el Divan en 1999 junto con el intelectual palestino Edward Said, fallecido en 2003.

Para el “maestro”, como lo llaman los músicos, “el principio de todo” es que “cada uno tiene que entender que la forma en que piensa el otro tiene su cierta lógica y hay que respetarla”.

“Un israelí y un sirio, ¿cómo se van a poner de acuerdo?”, admite Barenboim, que actualmente dirige la Staatsoper de Berlín y la Orquesta Sinfónica de Chicago.

Pero aunque reconoce que durante las giras “siempre hay discusiones duras”, subraya que “ha habido mucho progreso”.

Y para ilustrarlo desgrana una anécdota que considera un “triunfo”: la gira del pasado enero empezó en plena operación militar israelí contra la franja de Gaza, por lo que Barenboim pidió a los músicos que se reunieran solos para decidir si querían seguir con ella.

“Yo pensé que se iban a juntar los israelíes y los palestinos (por separado), y se juntó toda la orquesta: éste el el triunfo del Divan, que ya hay una conciencia común”, resume Barenboim, que nació en Buenos Aires en 1942 en una familia judía de origen ruso.

Esa “alma” y “espíritu común” les llevó a emitir una declaración conjunta tanto durante la operación en Gaza como en la guerra entre Israel y Líbano, en el verano boreal de 2006.

Aunque reconoce que “hay varios en la orquesta a los que no les interesa nada” el objetivo humano del proyecto, Barenboim hace un balance positivo de estos 10 años, en los que el director y su amigo Said obtuvieron el premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2002.

“Musicalmente se ha llegado a tocar en los centros más importantes del mundo, las obras más difíciles del repertorio”, y además “la orquesta se ha convertido en un mito en Europa, se ha convertido en la forma alternativa de pensar en este conflicto”, resume.

En el inicio de su actual gira, que le lleva este miércoles a Madrid y a varios países europeos hasta el 22 de agosto, no duda en destacar como un hito del proyecto el concierto ofrecido en Ramala (Cisjordania) en 2005.

“Ir con artistas sirios, israelíes, libaneses, jordanos, egipcios a Palestina, a los territorios ocupados, fue un acontecimiento histórico” posible “sólo gracias a la visión del gobierno español, que nos dio a todos los músicos pasaportes diplomáticos españoles”, relata.

Y sobre la situación actual en la región, considera “deprimente” que “todo depende ahora de una solución impuesta por (Barack) Obama”, el actual presidente estadounidense.

“¿Adónde hemos llegado? Dos pueblos que tienen la convicción profunda de tener el derecho de vivir en la misma tierra y que dependen de que un presidente americano que está a no sé cuántos miles de kilómetros imponga una solución”, lamenta.

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