La maldición de Malinche sigue viva

El escritor británico Clive Staples Lewis (1898-1963) dijo alguna vez que muchas veces nos reímos del honor y luego nos sorprendemos de encontrar traidores entre nosotros.

A propósito, la Maldición de Malinche es un poema-canción que Gabino Palomares dedica a la tragedia de la colonización y conquista europea en América.

La obra alude a Malinche, una princesa nativa devenida en amante de Hernán Cortés, que conocedora de las lenguas autóctonas, le sirvió de nexo y traición mediante, determinó que su raza y su tierra fueran barridas por la insaciable sed de riqueza y poder del conquistador. 

La leyenda memora esta acción y su consecuencia, una maldición por siempre jamás para el resto de las generaciones. También constituye una alusión al despojo contemporáneo en América Latina y la resistencia a esta Segunda Conquista, así como la lucha por una segunda independencia.

Me vino a la mente el recuerdo de la leyenda mexicana al enterarme por la prensa que en la cumbre de UNASUR el obispo Fernando Lugo defendió a su aliado Alvaro Uribe, pidiendo que la próxima cumbre no sea para sentar a Colombia en el banquillo de los acusados.

Soberanos de entregar soberanía

James Harrington sentenció que la traición no triunfa nunca, porque si triunfa nadie la llama ya traición, y tal parecería ser el lema de ciertos jefes de estado en el UNASUR.

El obispo-Presidente Fernando Lugo se manifestó días atrás complaciente con la pretensión de concretar las siete bases militares que el imperio pretende instalar en Colombia, con la anuencia de Alvaro Uribe.

Según dijo Lugo, Colombia es soberano de entregar su soberanía, algo que sonó cual letanía de la maldición de la susodicha Malinche.

Desafortunadamente, Lugo no estuvo solo en su posicionamiento malinchista, y fue acompañado en pleno por la bancada de “progresistas” de utilería que engalana la región.

Siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence, escribió el dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca, y el metaforismo explica porqué al final de esta historia tendremos sin duda, muchos héroes y pocos villanos.

Sería una temeridad intentar endilgar el mote de traidor a estos progresistas “moderados” de pensamiento sobrio, pues como bien lo dijo Georges Benjamín Clemenceau: Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro y un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro.

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