Reforma Migratoria: Responsabilidad compartida

Por Maribel Hastings

America’s Voice

WASHINGTON, D.C. – Antes de partir a México para la Cumbre de Líderes de América del Norte, el presidente Barack Obama dijo que espera que para fines de este año se elabore un “borrador” de un plan de reforma migratoria que podría debatirse a principios del 2010, distanciándose de su promesa de campaña de que habría reforma este año.

“Diría que haremos un esfuerzo muy fuerte sobre la reforma migratoria integral el próximo año, a comienzos del próximo año”, señaló Obama a periodistas hispanos.

Para muchos la declaración, similar a las formuladas por líderes demócratas, puede ser desalentadora, pero lo que supone es que la presión de los sectores interesados en el éxito de esa reforma tiene que redoblarse, sobre todo ahora que los legisladores regresaron a sus estados por el tradicional receso de verano. La campaña nacional Reforma Migratoria Pro América (www.reformamigratoriaproamerica.org) intensificará sus actividades este mes y los que vienen.

El Congreso recesó por un mes en medio de una intensa batalla entre republicanos y demócratas, y entre demócratas y demócratas, por una reforma de salud que ocupará la atención de la Casa Blanca y de los legisladores en sus vacaciones y al retorno.

Pero eso no supone que se baje la guardia en el frente migratorio. Por el contrario. El tiempo apremia. Sólo le restan menos de cuatro meses a este año y el calendario legislativo es aún más corto. La ventana de oportunidad en 2010 es bastante cerrada por las elecciones de medio tiempo.

La pelea ni ha sido ni será fácil.

Obama enfrenta una prueba de fuego con la reforma de salud en la que ha invertido reputación y capital político.

Pero al prometer acción en el frente migratorio, Obama también comprometió su palabra con un electorado hispano que lo apoyó en 2008 y que según sondeos, lo sigue apoyando ampliamente.

El senador demócrata de Nueva York, Charles Schumer, presidente del subcomité de Inmigración, asegura que se busca apoyo bipartidista para un potencial proyecto migratorio. Cualquier plan requiere este tipo de respaldo porque los demócratas —aunque sean mayoría en ambas cámaras— no todos, sobre todo los demócratas conservadores, apoyarán un plan que creen puede afectarlos políticamente. El liderazgo demócrata de la Cámara Baja ha evadido el tema que cree puede costarle su mayoría.

Con la renuncia adelantada del senador republicano de Florida, Mel Martínez, son menos las voces republicanas razonables que generen apoyo entre sus filas para esa reforma.

La figura más prominente es el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, uno de los nueve republicanos que apoyó la confirmación de Sonia Sotomayor al Supremo.

Graham ha apoyado la reforma migratoria amplia pese a las críticas de la base conservadora y se anticipa que trabaje con Schumer. En su edición del viernes, el Wall Street Journal citó a su portavoz, Wes Hickman, diciendo que “el senador Graham está listo y dispuesto a jugar un papel central en la reforma migratoria y es su intención trabajar con muchos de sus colegas en ambos partidos”.

La obtención de apoyo dependerá de lo que contenga la medida apelando a ambos partidos y a los diversos intereses.

Los republicanos son presionados por quienes se oponen rotundamente a una reforma y sólo abogan por medidas punitivas y de aplicación de leyes, pero también el sector empresarial busca un plan de trabajadores temporales, sobre todo especializados.

Los demócratas tienen la presión de sindicatos que favorecen una comisión independiente que determine los futuros flujos migratorios según las necesidades de la economía, y de quienes abogan por la legalización de millones de indocumentados.

En lo que el hacha va y viene hemos visto cambios cosméticos a programas controversiales centrados en la aplicación de leyes.

En medio de todo, los grupos antiinmigrantes están en guardia. Ya

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