Nixon y dictador brasileño Garrastazu Médici discutieron cómo derribar a Allende

WASHINGTON (AFP) – El presidente estadounidense Richard Nixon y el dictador brasileño Emilio Garrastazu Médici discutieron en diciembre de 1971 cómo cooperar para derribar al mandatario chileno Salvador Allende, según papeles oficiales de la Casa Blanca desclasificados y publicados este lunes.

Nixon le preguntó a Garrastazu Médici, en un encuentro en la Casa Blanca el 9 de diciembre de 1971, si los militares chilenos eran capaces de derribar a Allende.

Garrastazu Médici le replicó que en su opinión sí lo eran y “dejó claro que Brasil estaba trabajando con ese objetivo”, añadió el memorándum, que fue desclasificado en julio, como obliga una ley de documentos oficiales estadounidense.

Nixon dio su beneplácito a esa presunta desestabilización política brasileña en Chile, donde Allende hacía poco más de un año que había accedido al poder.

El golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet se produjo casi dos años después, el 11 de septiembre de 1973.

“El presidente (Nixon) dijo que era muy importante que Brasil y Estados Unidos trabajaran estrechamente en ese campo”, añade el memorándum top secret, publicado por la organización no gubernamental National Secret Archives (NSA).

Nixon le pidió a Garrastazu Médici, general presidente de la junta militar brasileña desde 1969, que le dijera en qué podía ayudarlo.

“Si hacía falta dinero u otra ayuda discreta, quizás podríamos ponerla a su disposición”, añadió Nixon, citado en el memorándum.

Estados Unidos y Brasil, dijo Nixon a su invitado brasileño, “deben intentar y prevenir nuevos Allendes y Castros y evitar donde sea posible invertir esas tendencias”.

Brasil, como país sudamericano, “podía hacer muchas cosas que Estados Unidos no podía” en la región, comentó Nixon durante el encuentro.

El golpe pinochetista contra Allende puso fin al primer gobierno de inspiración marxista surgido de las urnas en América Latina, y dio paso a una dictadura que causó oficialmente más de 3.000 víctimas, entre ejecutados y desaparecidos (1973-1990).

Garrastazu Médici le pidió también al presidente estadounidense si Brasil debía apoyar a los exiliados cubanos en ese país.

“Deberíamos (hacerlo), siempre y cuando no los empujemos a hacer algo que no podamos apoyar, y siempre y cuando nuestra mano no aparezca” detrás, respondió Nixon.

Ambos analizaron también cómo desestabilizar al presidente y general peruano Velasco Alvarado, de corte populista, presuntamente con la publicación de que tenía un hijo ilegítimo.

Nixon valoraba tan estrechamente la relación con la junta militar brasileña que hasta propuso un “canal directo” de comunicación con Garrastazu Médici, fuera de la diplomacia habitual.

El ministro de Relaciones Exteriores brasileño en la época, Gibson Barbosa, fue nombrado como representante especial de Garrastazu Médici, mientras que Nixon le encargó la tarea a su consejero de Seguridad Nacional (luego secretario de Estado) Henry Kissinger.

Esas comunicaciones secretas entre Nixon y el dictador brasileño permanecen clasificadas, según NSA, especializada en buscar y publicar los documentos top secret del gobierno estadounidense durante la Guerra Fría.

“Los archivos sobre Brasil son el eslabón perdido” en la amplia documentación que atestigua la intervención extranjera en el Cono Sur durante aquellos años, explicó Peter Kornbluh, investigador del NSA especializado en Chile y Brasil.

Kornbluh pidió al presidente Luiz Inacio Lula da Silva que desclasifique a su vez la documentación de la época de la dictadura militar en su país.

“La historia completa de la intervención en América del Sur en los años 1970 no puede ser explicada sin acceso a los documentos brasileños”, añadió.

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