Aumenta lista de ex funcionarios que critican a Bush

El ex secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Tom Ridge, se sumó recientemente a la lista de ex funcionarios que han ventilado públicamente sus diferencias con las políticas del anterior presidente George W. Bush.

En un libro que se publicará próximamente, Ridge dijo que poco antes de los comicios de 2004 fue presionado para elevar las alertas terroristas para favorecer la reelección del republicano Bush sobre su rival demócrata John Kerry.

Las presiones, según Ridge, provinieron del entonces procurador general John Ashcroft, y del ex secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, tras la divulgación de un video de Osama Bin Laden, líder de la red extremista Al Qaeda, cuatro días antes de las elecciones.

Ridge no elevó la alerta terrorista, pero después de los comicios renunció a su cargo aduciendo en esa oportunidad que esperaba pasar más tiempo con su familia, aunque en el libro admitió que su renuncia se debió en parte a ese tipo de presiones políticas.

Defensores de Bush, como la ex asesora presidencial de seguridad interna, Frances Townsend, han indicado que Ridge quiere más publicidad para vender su libro, como ya lo han hecho otros ex funcionarios del gobierno de Bush.

Scott McClellan, quien como vocero de la Casa Blanca defendió firmemente las políticas de Bush, cuestionó en un libro publicado el año pasado las razones políticas de la invasión de Irak.

Cuestionamientos similares han expresado también el ex secretario de Estado, Colin Powel, el ex asesor de la Casa Blanca contra el terrorismo, Richard Clarke, el ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), George Tenet y el ex secretario del Tesoro, Paul O’Neill.

El propio ex vicepresidente Richard Cheney, quien se está reuniendo con asesores con miras a preparar sus memorias, ha expresado su descontento con Bush, informó recientemente el diario The Washington Post.

Uno de los participantes en esas reuniones dijo al rotativo que Cheney lamentó que en su segundo periodo Bush estaba más susceptible a la opinión pública y a las críticas y que se estaba alejando de sus consejos.

Bush mostró al final una independencia que Cheney no esperaba al mostrar un tono más conciliador cuando la doctrina del ex vicepresidente era de “nunca pedir perdón, nunca explicar”, señaló la fuente a The Washington Post.

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