Entre el gobierno y el pueblo

Por Mumía Abú-Jamal
                                              
Mientras las fuerzas democráticas se mobilizan como resultado de las sospechas que resultaron de la reciente elección presidencial Iraní, éstas están encontrando represión de un gobierno alimentado por las fuerzas gemelas de la paranoia y la teocracia.
 
El gobierno iraní es paranoico no porque están locos, sino porque muchos recuerdan que los Estados Unidos y Gran Bretaña patrocinaron el golpe de estado que llevó al poder a la dictadura del Shah, en 1953, y recientemente apoyaron a los Irakíes (en tiempos de Saddam Hussein, y después) cuando ambos países perdieron cerca de un millón de vidas durante lo que llegó a conocerse como, “La Guerra de las Ciudades,” en los 1980s.
 
Y aún cuando las corporaciones de los medios de comunicación han tildado de “loca” la idea que los Estados Unidos ha apoyado las protestas contra el gobierno, la verdad es que los Estados Unidos ha patrocinado el terrorismo contra el gobierno de Irán, especialmente mediante el dinero y el trabajo de la CIA con los Baluchis, un grupo nacional minoritario iraní que comprende el 2% de la población, más o menos, y que busca la independencia.
 
Esa forma de pensar informa la visión del movimiento amplio y democrático, que puede reflejar los sentimientos no tanto de una minoría étnica iraní, sino los sentimientos de la juventud de Irán –un porcentaje de gente que llega a casi la mitad de la población del país.
 
La segunda fuerza, la teocracia, es la verdadera fundación del gobierno, lo que se puede ver en el nombre formal del país: República Islámica de Irán.
 
Esa característica, el dominio de los clérigos, hace todos los conflictos internos tanto políticos como religiosos, y es allí donde está el peligro.
 
Como Europa lo ha mostrado por cientos de años, pocas guerras son más brutales que las guerras de religión. La Iglesia Católica Romana ha hecho guerras por siglos contra los no-creyentes, contra la innovación, contra las mujeres, y con las Crusadas, contra Islám. Y aún cuando la Iglesia ganó muchas batallas, ha perdido muchas guerras, tales como la guerra con la ciencia, en la que la Iglesia mandó a la prisión al astrónomo Galileo porque él decía que la Tierra se mueve alrededor del Sol –y no al contrario.
 
No nos hagamos como que no hemos visto ésto antes, cuando las teocracias torturaban los cuerpos, brutalizaban al pueblo, en el nombre de la fé. ¿No hemos visto cómo las democracias hacen lo mismo, para aumentar la fé en las utilidades –como los Estados Unidos lo está haciendo en Irak?
 
Los iraníes deben decidir la forma que su gobierno debe tomar; no los Estados Unidos, ni la Gran Bretaña.
 
El pueblo iraní va a decidir si la nefasta represión que hoy viven los va a parar, o los va a llevar a demandar más que un cambio de rostros en la cabeza del gobierno.
 

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